por @juanjo_ramos
No debe ser agradable jugar así al fútbol. Justo es reconocer que, como profesional, hay que saber manejar ese tipo de situaciones. Pero no es menos cierto que vivir con tantos ojos vigilando cada paso que das, dispuestos a censurar un fallo, afecta de una manera u otra.
Lo vivieron jugadores como Javi Moyano o Aridane, que acabaron transigiendo y abandonando el club. Y seguramente otros con anterioridad. En Tenerife y en muchos sitios. No es exclusivo de la Isla este tormento. Tiene más que ver con las prisas, la falta de memoria y esa moda permanente de apostar por lo nuevo frente a lo conocido.
Quizás por esto último, Dani Hernández empieza a sentir ese runrún. No hay censura por el momento, pero sí ese murmullo cuasi silencioso que incita a pensar en la desconfianza. Crecen las críticas ante cada acción dudosa y se alimenta, poco a poco, la necesidad del cambio. Puede que aquí sea clave la presencia de un suplente tinerfeño, joven y del que se tiene buen recuerdo como Carlos Abad-Hernández.
Sus dos temporadas en el Real Madrid Castilla han hecho de él un mejor portero. Pero es que sus escasos partidos en el primer equipo blanquiazul para cubrir las ausencias del infame Jacobo y del lesionado Roberto ya habían dejado buen sabor de boca.
Es por eso que el pueblo tiene ganas de ver al nuevo y empieza a elevar el tono ante el veterano. De momento, Dani tiene margen. Le ayudará a frenar esta tendencia su personalidad. También vivir partidos tan tranquilos como el del Osasuna, en el que casi no ensució los guantes.
Pero más que a Dani, que seguro que trata de aislarse (y lo consigue) de este runrún, me gustaría referirme al público. Sé que no se trata de una conspiración para perjudicar a alguien, de algo premeditado. Pero conviene pensar dos veces cómo tratamos a un jugador de nuestro equipo. ¿Ayudamos en algo fiscalizándole así? No. Y no es que la afición tenga que ver recortado su derecho a expresarse. Es más bien un ejercicio de madurez, de respaldo en un mal momento, que debe quedar avalado por el pasado y la experiencia. Las dos temporadas y media de Dani merecen un margen mayor. Y no se preocupen. A Carlos Abad le llegará su oportunidad. Pero que no sean por este caldo de cultivo, por este runrún.