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El regreso de Quico Cabrera (12-4-15)

Por @IvanVillanua

La historia no falla con las buenas personas. En algún momento, ese que está ahí arriba reconoce las cosas y envía a algún emisario cuya misión es la de recordar el trabajo, tesón y entrega de aquellos que han hecho mucho bien a nuestra sociedad. Y 2015, en nuestro deporte, tiene nombre y apellidos: Quico Cabrera. Un grupo de entusiastas del voleibol (con algunos grandes amigos de quien les escribe entre ellos), decidieron que era el momento de dar continuidad a aquel proyecto que tantas lágrimas de alegría provocaron entre los aficionados al deporte en Tenerife.

Nunca antes una disciplina que no fuera baloncesto o fútbol había despertado tanta pasión. Nunca se vio el Santiago Martín con 5.000 personas vestidas de azul y blanco. Set, punto, Zona tres, atacante, líbero…de repente la isla entera manejaba la terminología del voleibol con tanta facilidad como ir al mercado a comprar un kilo de naranjas. Goya, Magali, Maurizia… detrás de ellas un tipo bajito que nunca perdía la sonrisa y al que podías encontrar, de doce de la noche a doce de la noche, en su despacho codeándose con la flor y nata de ese deporte a nivel mundial.

Muchos de ustedes quizá no lo sepan, pero Quico Cabrera ha presidido todos y cada uno de los partidos que el CV Haris ha jugado en casa. Junto a la red, una valla con su foto. Y esa imagen, más que una simple instantánea, es un motivo más para entender que este deporte sigue con mucha vida. El Aguere, por ejemplo, ha logrado unas temporadas en los últimos años que pasarán a la historia del voleibol femenino español, también.

Quico regresa a la Superliga. Lo hace con un grupo de buenas personas, de buenas jugadoras y con una estructura económica y deportiva envidiable. Gestionada de manera sobresaliente. El esqueleto ya está hecho. Ahora tocará mejorar algunos detalles. Pero cuando hayan dudas, David, Iván y compañía mirarán a esa valla y le preguntarán «¿Qué hacemos maestro?». Y él, con su sonrisa picarona, su chaqueta marrón de Ante y su bigote perfectamente perfilado, los mirará y esbozará lo de siempre: «Hacer feliz a la gente, chicos. Hacer feliz a la gente».