Redacción Deporpress | En Majadahonda se respira felicidad. Uno de los clubes más humildes de esta Segunda División firmaba ayer uno de esos partidos que quedarán en la retina de los majariegos. Los rayistas viven en un enorme estado de confianza que les llevó a asaltar uno de los campos más respetados de la categoría: Riazor (0-2).
Candidato inicial en muchas de las quinielas para el descenso, el cuadro madrileño ha dado un golpe sobre la mesa para permanencer un año más en el fútbol profesional: 40 puntos, y pendiente de sumarse las tres unidades frente al Reus. Una salvación casi matemática gracias, en parte, a los buenos resultados cosechados en los últimos meses: 13 de 21 puntos que se transforman en tres semanas sin conocer la derrota.
Bajo la batuta de Antonio Iriondo, quien llegaba a la escuadra majariega en 2012 para vivir su segunda etapa, ha vivido un ascenso prolongado y cortoplacista. En 2015, se proclamaban campeones en Tercera División, subiendo a Segunda B. Tres temporadas en la categoría de bronce que se rubricaron el curso pasado en un ascenso a la categoría de plata, noqueando a uno de los favoritos: el Cartagena.
Con altibajos, los madrileños se están sintiendo cómodos tanto en el Cerro del Espino como lejos de su feudo. Sin ir más lejos, han vencido en sus dos últimas citas en casa: 2-0 al Alcorcón y 4-0 al Numancia. La dupla Fede Varela-Aitor Ruibal vive un momento dulce. Dos diamantes cedidos respectivamente por el Oporto y el Real Betis que se están convirtiendo en dos de las grandes sensaciones del equipo: el argentino, con su visión de juego y calidad en tres cuartos; y el goleador español, con un olfato goleador envidiable que viene de firmar dos dobletes consecutivos y ya se sitúa en los once goles.
En definitiva, una dura piedra de toque para los de Oltra, donde las debilidades evidenciadas a domicilio suman una nueva prueba de fuego este próximo sábado. Un Rayo que destaca por su mezcla de oficio, solvencia y juventud, carente de complejos y con una confianza desbordante en su juego.