Ahora que está tan de moda conjugar talento con esfuerzo para explicar un éxito que igual tiene un origen hasta accidental (léase la final de Copa), me planteo cuánto de talento y cuánto de esfuerzo hay en aquellos futbolistas que consiguen sus objetivos.
La historia de la última década del Tenerife está repleta de canteranos que parecieron alcanzar el primer equipo gracias a su talento, pero a los que les faltó esfuerzo, constancia, tenacidad para defender la posición ganada y hasta mejorarla. Exceptuando a ese ejemplar que solo surge cada mucho tiempo y que combina perfectamente todas las facetas (Ayoze Pérez), lo normal es que falte algo por un lado o por el otro. Y cuando esto sucede, uno puede resignarse a su (mala) suerte por no ser uno de los elegidos… o seguir luchando. Bruno González eligió rebelarse.
Técnicamente no era un portento y, dicen quienes mejor le conocen y le han visto jugar desde pequeño, que tampoco era extraordinario en muchas otras facetas del juego. Quizás por eso, ha explotado su mejor virtud a la perfección: la tenacidad. El central blanquiazul agachó la cabeza y se dedicó a trabajar (y mejorar) donde otros solo lloraban o buscaban un culpable. Debutó en la última jornada de la temporada 10-11, la del descenso a Segunda B e inmediatamente fue descartado a la vuelta de las vacaciones.
Se marchó entonces a Teruel, lejos de su casa y de sus seres queridos, cobrando cuatro duros, sufriendo para llegar a final de mes y pasando frío. Aquel jovencito callado al que le costó integrarse en un equipo ya hecho, se ganó pronto un puesto en el once y lo defendió con uñas y dientes. Aquella experiencia le enseñó el camino. La pasada campaña empezó ganándose a Álvaro Cervera en verano y luego creció hasta convertirse en un fijo en sus alineaciones.
En julio empezó de cero. Tenía otro reto. Pese a ponerle de ejemplo en varias ocasiones durante el curso anterior, Quique Medina le ofreció la renovación por el mínimo exigible. Bruno le lanzó un pulso: daba su ok, pero por una sola temporada. A la conclusión de la misma se vería quién tenía razón. Y el sureño, que empezó la pretemporada como cuarto central por detrás de Carlos Ruiz, Rigo y Alberto, se volvió a ganar un sitio en el once.
Más de una treintena de partidos en Segunda a gran nivel después nos enteramos de que Quique Medina ha perdido el pulso. Bruno apostó y ganó. Se irá a un Primera, donde cobrará más y donde le han valorado mejor. Así de claro y así de cruel para el Tenerife.
Puede que su decisión no sea la acertada, pero tiene derecho a tomarla y hasta a equivocarse. Desde luego, no es lo más importante para el club. Sí lo es la pérdida de un valor, de un representante de la cantera, de un ejemplo para los que vienen de abajo. Y también la conclusión: Quique, el mismo que ha confeccionado esta plantilla que tantas alegrías nos está dando, pasará a la historia como el director deportivo que regaló a Bruno… y puede que a Ayoze Pérez.