Por @golcondomina
Se ha quejado, y con razón, la afición del CD Tenerife de las últimas actuaciones arbitrales. Los colegiados muchas veces son el blanco de las iras de los aficionados y, aunque en muchas ocasiones no es justa la crítica, no es menos cierto que algunos de sus errores han pasado también a los anales del fútbol. De esos errores no han podido escapar ni los mejores.
José Emilio Guruceta Muro tenía 28 años cuando el 6 de junio de 1970 dirigió un encuentro de cuartos de final de la Copa del Generalísimo entre FC Barcelona y Real Madrid. En la ida los blancos se habían impuesto por 2-0 con un claro tanto en fuera de juego de Amancio, por lo que la afición culé tenía preparado un recibimiento hostil al árbitro vasco. Los barcelonistas se habían adelantado en el marcador por medio de Rexach en la primera mitad, pero sería en la segunda cuando llegaría el escándalo. En una rápida contra, Velázquez se dirigió al área del FC Barcelona, pero Rifé lo derribó antes de que pudiera entrar en la misma, para sorpresa de todos, Guruceta hizo sonar su silbato y decretó penalti, lo que sucedió a continuación sorprendió a todos.
Comenzaron a caer almohadillas sobre el césped del Camp Nou antes de que Amancio convirtiera la pena máxima. Eladio, capitán del Barça, llamó sinvergüenza y madridista al colegiado, que lo expulsó, pero Eladio se negó a abandonar el verde. Al final el encuentro siguió jugándose gracias a que varios compañeros de su propio equipo lo sacaron del terreno de juego. La última chispa que encendió definitivamente el partido fue un posible penalti sobre Rifé, tampoco señalado, por lo que un buen número de seguidores locales optaron por saltar al césped. Fueron tantos que la Policía Nacional reconoció que no era capaz de contenerlos.
Ante este panorama Guruceta suspendió el partido, corrió a los vestuarios y esperó que la Policía calmara a los espectadores. El resultado fue una de las mayores sanciones a un árbitro que se recuerdan en España, pues el vasco estuvo seis meses sin poder arbitrar, lo que provocó la indignación de José Plaza, presidente del Comité de Árbitros que dimitiría, pero antes dejó una frase para el recuerdo: «Mientras sea presidente de los árbitros, el Barça no ganara la liga».
Guruceta, al que muchos consideran el primer árbitro- estrella de la historia, jamás reconoció su error, pero, para su sorpresa, vio como, a partir de ese momento, cada vez que desde las gradas se querían increpar a un colegiado se gritaba: «Guruceta, Guruceta, Guruceta».
El vasco fallecería el 25 de febrero de 1987 cuando se dirigía a Pamplona, a arbitrar un Osasuna- Real Madrid de Copa del Rey, en un trágico accidente automovilístico. Años después, el presidente del Anderlecht belga confesó haber pagado cuatro millones de pesetas al colegiado en una semifinal de Copa de la UEFA entre su equipo y el Nottingham Forest. Un muy triste final para un árbitro que destacó por su gran forma física y la naturalidad con la que se dirigía a los jugadores, aunque siempre será recordado por aquel penalti en el Camp Nou.