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El plan

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife empató sin goles frente al Numancia en un partido áspero de ver. El adversario hizo lo que suelen hacer la mayoría de los conjuntos que acuden últimamente al Heliodoro. Le dan la pelota al Tenerife y esperan agrupados a que cometa un error para jugar sus bazas. No ocurrió casi nada reseñable. Fue la enésima confirmación de que los blanquiazules, sin Cristo González, carecen de un elemento capaz de cambiar el guión que los técnicos proponen previamente en las pizarras para tratar de contrarrestar al rival. Eso y también que Dani Hernández hizo una parada antológica al borde del descanso y confirmó ante su némesis de la primera vuelta que es un guardameta que, en el cómputo global, te hace sumar puntos.

Mientras tanto, enero está a punto de extinguirse y, con él, la posibilidad de realizar cambios en la plantilla. Me da que habrá más entradas y salidas de las que se esperan. Ojalá que los que toman esas decisiones antes del lunes acierten y que esas novedades sirvan, sobre todo, para que el equipo suba un escalón sobre las alternativas que tiene el técnico en la actualidad.

Esta semana se ha hablado de cantera. Estamos ante el Tenerife que mira más hacia sus categorías inferiores de las últimas décadas, pese a las injustas etiquetas y los sambenitos interesados que algunos intentan seguir colgando. Las cifras, en cambio, no mienten. Son claras. Tanto que, de los dos jugadores por puesto que hay en todas las demarcaciones de la primera plantilla, hay un jugador salido de la cadena de filiales, salvo en los laterales.

Algo ha cambiado en la filosofía de la entidad y en el discurso de los que la administran. Su técnico, sin ir más lejos, dijo tras el choque del pasado domingo que, “si vienen refuerzos, serán para mejorar lo que ya se tiene”. Una prueba más de la sensatez que preside las decisiones que se adoptan. Lo mismo sucede con la promoción de determinados valores que, como Jorge Sáenz ahora o el Vitolo que eclosionó hace una década, demuestran que pueden hacerse imprescindibles a poco que se les ofrezca cierta continuidad.

También los hay que no llegan, como el majorero Abel Suárez, pero la diferencia respecto al pasado está en que ahora se marchan con 25 años y con el convencimiento de que lo mejor para todos es un adiós. Es otra muestra de que las cosas han cambiado para bien. Ya no hay traumas, ni reproches, ni pasadas de factura. Solo agradecimiento mutuo y la certeza de que el club hizo todo lo que estaba en su mano para que el futbolista fuese protagonista en la primera plantilla y que el jugador también se sacrificó, cesiones incluidas, para intentar triunfar. A diferencia de lo que pasaba hace unos años, los que ahora no logran asentarse en la primera plantilla no acaban en el grupo canario de Tercera División. Están en Segunda B viviendo del fútbol o, como Abel, se marchan a un histórico de Rumanía como el Timisoara.

A mí la perspectiva de tener un Tenerife con mayoría de canteranos, y de esta manera, me ilusiona. Sobre todo porque ni parece un brindis al sol, ni tampoco una apuesta al todo o nada de intentos anteriores. Por fin hay una idea meditada y con perspectiva. Mirando, entre otras cosas, qué puestos pueden ser ocupados por jugadores de la casa para intentar no sepultar su progresión. Si a la filosofía actual son capaces de agregarle las dosis de paciencia necesaria y siguen mirando con cariño todo lo que sigue horneándose a fuego lento en Geneto, tenemos una oportunidad única de tener un ingrediente del que se ha carecido durante muchos años. Algo tan sencillo, y tan complicado de desarrollar a la vez, como un plan.