por @juanjo_ramos
En estos días de discusión sobre la presunción de inocencia en España, ha hablado Alfonso Serrano. Discutido desde su retorno en 2014, castigado por no ser de aquí y lastrado por un puñado de fichajes que no rindieron como se esperaba, el secretario técnico del Tenerife no subió el pan en esta comparecencia. Fue prudente y hasta se mostró dolido por las críticas hacia su labor. Esas que, según Álex García, traspasan el ámbito de lo profesional para alcanzar el personal.
No ha sido, desde luego, un director deportivo con una impecable hoja de servicios. Pero sus aciertos, en el último año, van más allá de sus errores. Al Tenerife 15-16 llegaron Germán, Lozano, Saúl, Moutinho o Javi Lara. Pero es que este curso han rendido a un nivel aceptable (y aún es pronto para valorar) futbolistas como Iñaki, Camille, Aarón Ñíguez o Amath. Cierto es que se espera más de Álex García o Crosas y que Jouini, aunque con dos goles anotados, es la gran decepción (también lleva dos expulsiones). Pero también lo es que resulta evidente que el problema no está tanto en los fichajes como en el rendimiento colectivo del equipo.
El gran examen para Serrano, como sucedió hace un año, llega en enero. Le toca introducir tres piezas que se acoplen perfectamente al engranaje blanquiazul y lo hagan funcionar con una mayor fluidez, mejorando exponencialmente su rendimiento. Deberá acertar y contará con un arma que no tenía en otras ventanas del mercado: dinero. El fútbol es tan difícil y tan fácil al mismo tiempo que la renovación de su contrato, que expira en junio, se la puede estar jugando en estos dos meses.
Por eso, resulta inútil centrar la mirada en los despachos hasta que llegue febrero. Porque es en el campo donde está, en estos momentos, el problema. Sucede que, como hace dos temporadas con Álvaro Cervera, los críticos interesados saben que hay que apuntar hacia el eslabón débil de la cadena. Entonces era el entrenador y ahora es el responsable del área deportiva.
Las dudas con Martí (yo las tengo) son menos dudas por su pasado tinerfeñista. Una bendición para un puesto tan volátil como el de entrenador en este equipo. Ese paraguas nunca lo tuvo Serrano. Ni los fichajes que son calificados como fracasos cuando apenas han jugado tres partidos en el Tenerife. Justicia es decir que, en su puesto, podría haber alguien mejor. Pero amigo lector, piénselo por un momento, también en el suyo.