Mientras todo marcha a las mil maravillas en los terrenos de juego, el CD Tenerife disputó este miércoles uno de los partidos más importantes de su historia… en los despachos. La aprobación, por unanimidad, de la reducción del capital social y el uso exclusivo del Heliodoro Rodríguez López permitirá que el equipo no pierda fuera lo que ha ganado sobre el césped. La alternativa al plan presentado por el consejo de administración era una ampliación de capital de más de ocho millones de euros, imposible de completar antes de agosto en la actual coyuntura económica, o el descenso a la Segunda B.
Miguel Concepción, con más apoyos que nunca entre el accionariado blanquiazul, quiso dar un golpe en la mesa. Pier Luigi Cherubino, aunque con 7.000 acciones menos de las que anunció en diciembre, también acudió con un significativo respaldo. Eso sí, el candidato opositor dio una de cal y otra de arena. Por un lado, fue responsable votando a favor de las tesis del actual presidente. Por el otro, no abrió la boca en la junta. Yo esperaba algo más, un mensaje. No hacía falta una crítica feroz, pero sí al menos un discurso que convenciera a los accionistas que habían delegado sus títulos en el exjugador de que habían hecho lo correcto. El silencio le mantiene en el sitio: seguimos sin saber cuándo y cómo hará lo que pretende si logra acceder al despacho del Callejón del Combate.
Tampoco queda muy claro si Concepción tiene un plan definido para el futuro que no pase por el ascenso a Primera. Si llega en mes y medio el milagro, tendrá una segunda oportunidad. Es de suponer que no cometerá los errores de 2009. Si no es así, deberá vivir en Segunda A una temporada más. Y ya se sabe que presentar un balance sin pérdidas en esta categoría es prácticamente imposible. Al menos, por su deuda de más de 20 millones de euros, para esta entidad.
Algunos seguimos esperando un plan o una gran solución. Algunos no queremos un Tenerife que sobreviva en el día a día, aunque sea justo reconocer que lleva tres años haciéndolo de maravilla. Pero eso tiene una fecha de caducidad. Hace falta un proyecto y me permito expresar aquí mis dudas sobre la capacidad de Miguel Concepción o de Pier para liderarlo. Del primero porque, aunque haya sorteado con acierto obstáculos importantes en los últimos tiempos, parece improvisar más que planificar. El segundo porque solo ha expresado sanas intenciones que podría haber expuesto cualquier aficionado. Igual hace falta una tercera vía.