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El oficio más cuestionado

por @beatrizpalmero

Decía el gran Gabriel García Márquez que “el periodismo es el mejor oficio del mundo” y una que lo ha ejercido vocacionalmente durante mucho tiempo tiene que reconocer que te hace vivir experiencias maravillosas, en las que, sin duda, te sientes una privilegiada. Pero como toda profesión tiene también inconvenientes. El primero, está claro, es la precariedad laboral, agudizada por los últimos años de crisis. Tampoco hace falta decir que es una profesión que absorbe tu tiempo: uno es periodista desde que se levanta hasta que se acuesta, por mucho que intente dejar el trabajo en el umbral de la puerta de casa.

Podría seguir enumerando inconvenientes, pero si hay uno que personalmente me molesta de forma irracional (o quizá no tanto) es que todo el mundo parece saber mejor que tú qué es lo que debes hacer, cómo debes hacerlo y cuándo debes hacerlo. Es por eso que muchas veces sentimos solidaridad hacia la labor de un entrenador. Ya saben, por aquello de que todos tenemos un entrenador dentro.

Como periodista deportiva, empatizas en muchas ocasiones con la ingrata labor de un míster, cuestionado especialmente en aquellos momentos en que las cosas no salen bien. A todos nos ha pasado factura algún error en nuestro día a día, pero incluso cuando no nos equivocamos, hay quien mira con lupa tu trabajo. En infinidad de veces, me he tropezado con algún espectador que se acerca a juzgar tu labor sin tener la más mínima idea de las condiciones en los que lo has desarrollado o de las limitaciones que superamos para realizarlo. Y las redes sociales han multiplicado estos juicios severos. Más de una vez me encontré con indicaciones hasta de cómo debía pensar u opinar para ser buen periodista.

Es cierto que muchos banalizan esta profesión y nos dan mala fama. Pero no por eso debemos juzgar a todos los profesionales de la misma forma. Yo, en la mayoría de las ocasiones, recurrí al humor o a la indiferencia porque solo uno sabe el esfuerzo y el empeño que pone en el día a día, las dificultades que se encuentra y las satisfacciones que proporciona superarlas. Hay veces que esos juicios duelen. Sobre todo si vienen de un entrenador. Uno siempre debe ser autocrítico, analizar si hizo las mejores preguntas o si pudo mejorar el producto final. También se deben aceptar las críticas (constructivas) que vienen de compañeros o superiores. Sin embargo, ver cuestionado públicamente tu trabajo solo porque el entrevistado querría que le hubieras hecho otras preguntas debe doler y mucho. Desde mi punto de vista, esto suele significar que has elegido las preguntas correctas, aunque supongo que mi compañero Carlos García (La Opinión/RNE) no fue lo primero que pensó tras el primer partido del play off del Iberostar Tenerife.

Sobre todo porque, como he dicho, el periodista es el primero que se solidariza con un entrenador. Pero si encima ese entrenador ha ejercido como periodista, el juicio duele aún más. No vamos a descubrir ahora lo gran técnico que es Txus Vidorreta. Tampoco vamos a descubrir cómo se siente alguien muy competitivo tras la derrota. Entendemos su enfado, pero él también debe entender que una parte de su trabajo, tal vez ingrata, consiste en responder preguntas. Tan ingrato como es hacer preguntas incómodas, impopulares, críticas o incluso inoportunas por el estado de ánimo del receptor. Desgraciadamente, hacerlas y aguantar el chaparrón es otro de los inconvenientes del mejor oficio del mundo.