Skip to main content Scroll Top

El nudo de la obra

Por @beatrizpalmero

Alguna vez dijo Jorge Valdano, con su particular elegancia a la hora de elegir las palabras para hablar de este deporte, que “el fútbol es una representación teatral en la que nunca se sabe dónde está el nudo de una obra”. Y me temo que el Club Deportivo Tenerife está en ese punto que podría ser crucial para el devenir de la temporada pero en el que todavía parece que queda mucha tela que cortar para saber cómo va a quedar el traje.

La directiva blanquiazul, en su habitual política de ser paciente con los entrenadores y darles tiempo para mostrar su trabajo, se mantiene en un impás de espera que en otros clubes sería impensable. Y no voy a censurar yo que en el fútbol se tenga algo de memoria y que se intente dar cierto margen al técnico para evitar romper la cuerda por el punto más débil cuando hay posibilidades de que sea esa cuerda la que consiga salvar la difícil coyuntura y evite una anticipada caída por el precipicio.

Pero sí es cierto es que cada situación es diferente y, llegados a este punto, creo que hay que valorar tres cosas para que el entrenador, en este caso José Luis Martí, no se convierta, como decía Johan Cruyff, en el “punto de mira” que hay que tener “por si las cosas van mal”. En primer lugar, analizar el trabajo que se realiza en el día a día y ver si se refleja en los partidos. Creo que cuando un equipo está trabajado y cree en lo que hace, tarde o temprano superará las dificultades. Ya no voy a los entrenamientos a diario, pero en los encuentros, no veo una idea de juego definida, sino más bien un equipo que pone mucho corazón donde no hay cabeza y que, muchas veces, se ve superado por la claridad de ideas que tiene el rival. Y, si a día de hoy me preguntan a qué juega este equipo, no sabría que responder, porque ni juega a tocar la pelota, ni juega a cerrar espacios y salir al contragolpe, ni juega a aprovechar balones largos, ni a abrir el campo por las bandas, y a la vez juega a todo eso. No sé si me explico.

En segundo lugar, hay que analizar la relación que existe entre jugadores y técnico. Y es que, no nos engañemos”, como ha señalado Valdano más de una vez, “cuando empieza el partido el entrenador es un pobre tipo que pone su cargo en manos de los jugadores”. Si creen ciegamente en su entrenador, cerrarán filas para sacar adelante la situación y salvar el cuello del míster, jueguen cada domingo o no. En este momento, no veo ningún atisbo de identificación con el entrenador por parte de la plantilla y, es más, dudo mucho que aquellos que no juegan habitualmente o que entran y salen del once remen en la misma dirección. Aunque esto no son más que sensaciones de alguien que lleva mucho tiempo observando de cerca determinados gestos y actitudes en los futbolistas que dan más pistas de lo que parece a simple vista.

Por último, hay que valorar qué está haciendo el entrenador para cambiar la dinámica, para salir del atolladero o para imprimir el carácter necesario a su equipo. No dudo de la capacidad de Martí al que todos conocimos como futbolista y con el que soñamos como entrenador la pasada campaña. Pero mi sensación desde fuera es que el técnico está atascado. Es como si hubiera metido la llave en la cerradura para abrir el candado y no acertara a desbloquearlo y, en lugar de buscar soluciones para llegar de alguna manera al otro lado de la puerta, estuviera en continuo bucle sacando y metiendo la llave a ver si esta vez funciona. Le falta dar dos pasos hacia atrás y mirar con nueva perspectiva sus posibilidades y las alternativas.

Ojalá me equivoque y se acabe superando este momento difícil, ojalá no estemos en el nudo de la obra que determine cómo se va a ir desentrañando el argumento, ojalá el Tenerife nos dé a todos una bofetada sin manos. Pero con media liga disputada, tengo pocas esperanzas de que así sea. Y no soy de las negativas. Creo que es el momento decisivo de la temporada, y de las decisiones que ahora se tomen dependerá el final de la obra. Y nadie desea que acabe en drama.