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El momento perfecto para soñar

Por @beatrizpalmero

 

Admito que llevaba ya varias semanas esperando que llegase al fin la Nochevieja porque tengo bien aferrada bajo el brazo la caja de Pandora para que no se me escape la Esperanza. Y el año nuevo siempre nos trae una brisa de aire fresco aunque sólo sea por la ilusión de cambiar de dígito y pensar que estamos en un tiempo nuevo, aunque no sea más que una prolongación del viejo. Pero, a fin de cuentas, todo está en nuestra mente y es tan poderosa que la mayoría de las veces es capaz de crear un mundo que nada tiene que ver con el real y hacernos creer que vivimos en él.

Y estos últimos días del año siempre traen cierto desasosiego porque, inevitablemente, repasas lo que te han traído estos meses y, ¡mecachis!, siempre queda esa sensación de que no has exprimido bien sus días. De niña repasaba mis faltas y hacia propósito de enmienda porque mi objetivo firme en la vida, en mi inocencia, era ser la mejor persona posible. Luego los propósitos de año nuevo se fueron haciendo más tangibles hasta que dejé de hacerlos. Porque no hay nada más descorazonador que descubrir que no tienes voluntad para hacer en 365 días cuatro tonterías. Y, ahora, cuando has logrado coger alguno de los muchos sueños que perseguías solo te vienen a la mente deseos para el futuro que está a la vuelta de la esquina.

Porque en estas fechas siempre vienen a la mente recuerdos maravillosos que ahora te dejan el paladar con sabor a tristeza y melancolía; reencuentros que te trasladan a otra época donde no tenías miedo a equivocarte aunque te obligara a arrastrar tus errores como un fantasma con cadenas para que no olvidases las lecciones aprendidas; sabores hechos para que tengas siempre presente que la felicidad es tan efímera como el bocado que estás disfrutando; sonrisas, abrazos y besos que te hacen sentir que la vida son esos pequeños momentos que no puedes atrapar entre los dedos y que debes aprender a disfrutar porque mañana, tal vez, ya no esté quien tan amorosamente te peinaba cada noche.

Así que cierro los ojos y pienso en todos esos momentos efímeros, incluso banales en ocasiones, que nos hacen sentir que estamos vivos y deseo los que quiero sentir en este nuevo año que comienza.

Y la lista de ilusiones es larga. Y todos tenemos una: el Tenerife sueña con que el ‘efecto Martí’ no fuera pasajero, el Iberostar con que llegue la regularidad que le permita ser el equipo que sueña ser, el Fígaro Haris con  seguir haciendo realidad sus sueños en la Copa, una Copa que espera alcanzar el Granadilla. Los deseos compartidos siempre son dulces y vienen acompañados de sueños de euforia…

¿Y los míos? ¿Ese deseo no compartido? Cuando esté tomando las uvas cerraré los ojos, y no tengo dudas de que veré ese sueño que tanto deseo que 2016 me traiga. Y creeré una vez más, volviendo a pecar de ilusa, que lo deseo tanto que el universo entero empezará a conspirar para hacerlo realidad. Porque una vida sin sueños no es vida. Así que, por favor, no se olviden de soñar. Porque, a veces, los sueños se cumplen.

Feliz 2016. Que lo deseen.