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El momento de Concepción (28-1-15)

Por @jf_rojas

Con Álvaro Cervera en el centro del huracán y Miguel Concepción obligado a reaccionar, las alternativas que se le presentaban al presidente del Tenerife tras la derrota del domingo eran tres:

Confirmación. Llegados a este punto y dando por perdidos los objetivos de partida de la temporada, lo más razonable habría sido garantizar tanto privada como públicamente la continuidad de Cervera hasta junio. La gravedad de la situación obligaba a considerar la realidad al margen de las corrientes de popularidad y aunque ni el equipo ni el entrenador han ofrecido la medida esperada, tampoco puede pasarse por alto que la actitud de los futbolistas y el nivel del juego no se corresponden con un punto de no retorno. Los que siguen esta columna saben que al técnico se le critica, especialmente, por su cortedad de miras ante los grandes objetivos. Sin embargo, en este nuevo contexto en el que a todos nos basta con la permanencia, Cervera es mucho más competente. La situación precisaba un respaldo claro y sin fisuras de Miguel Concepción que atrajera para sí la crispación liberando al equipo y al técnico. Un ejercicio de responsabilidad que por desgracia no está al alcance de este presidente. 

Destitución. La decisión habría sido tan respetable como difícil de explicar. No hay que olvidar que sólo han pasado unos pocos meses desde que el presidente retocara la estructura deportiva del club para adaptarla a los caprichos de su entrenador. La amenaza de los últimos puestos de la clasificación obliga además a manejar la situación con máxima prudencia y la experiencia del último descenso a Segunda B recuerda que estas cosas pocas veces sirven para algo. Una destitución entregaría el equipo no al mejor técnico sino al que estuviera disponible a mitad de temporada, sumando a eso que el elegido encontraría una plantilla hecha al gusto de otro y entrenada para una clase de fútbol presumiblemente distinto al suyo. Incluso en la mejor de las hipótesis, la destitución de Cervera comprometería la construcción de la siguiente temporada, que en lugar de planificarse con calma mientras el técnico cerraba su etapa en la Isla, quedaría vinculada a una nueva improvisación.

Ultimátum. Aunque días después haya tratado de matizarse, lo cierto es que Concepción parece haber optado por la peor de las decisiones: no decidir. Aparentemente, será lo que ocurra en el partido en Albacete y especialmente el resultado del encuentro lo que determine que Cervera siga o no siendo entrenador en las próximas semanas. No será una reflexión meditada de pros y contras, ni una proyección de las consecuencias a medio y largo plazo de una u otra decisión. La continuidad del que no hace tanto era el Ferguson del Tenerife, dependerá de los caprichos azarosos del balón en Albacete, un criterio pueril y ridículo que explica muchas de las cosas que ocurren en el club. No es la primera ni la última vez que vemos que Concepción deja que los acontecimientos tomen las riendas de la situación. Justo cuando urgen la reflexión y las decisiones, la política en el Tenerife consiste siempre en huir hacia delante. ¿De verdad creen que así lograremos salir alguna vez de la mediocridad?