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El miedo a volver

Por @AleixValero

Decían los jugadores del Éibar este martes, en una nota pública que tienen miedo de volver a competir y contribuir a un nuevo brote, por no ser capaces de mantener las distancias de seguridad.

Obviamente que los futbolistas no mantendrán esas distancias, ni en los partidos oficiales ni en los entrenamientos grupales cuando estos puedan hacerse, y tendrán contacto directo entre ellos, miles de veces.

Pero no deben olvidar, imagino que no lo harán, que serán privilegiados, sin ánimo peyorativo ni acusar de nada a los futbolistas profesionales, que serán uno de los sectores más protegidos y que más pruebas pasarán.

Más quisieran los profesionales sanitarios, miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, trabajadores de supermercados, camioneros, chóferes de transportes públicos etcétera, poder tener unos controles tan rigurosos cada vez que salgan de sus casa a ejercer sus profesiones.

Porque no hay que olvidar que los futbolistas no harán más que eso, ejercer sus obligaciones. Trabajan por un sueldo igual que todos los anteriores, más expuestos y, obviamente que no, no se derrumbará la sociedad por no tener fútbol ni deporte profesional.

Pero no hay que olvidar tampoco los más de 180.000 empleos, familias, que viven del fútbol, que son casi el 2 % del Producto Interior Bruto y que en muchos casos no son ni mil euristas, y que tampoco tendrán la fortuna de estar tan ‘controlados’.

Dicen los jugadores el Éibar que antes que futbolistas son personas ¡Claro! ¡Porque un celador, una enfermera, una doctora, un policía local, un carnicero, no lo son! No dejan de reconocer y eso les honra, que son unos privilegiados y creo que haríamos mal en apuntar también al circo del fútbol como culpable de nada. Si LaLiga, los clubes, se pusieron las pilas a la hora de conseguir las pruebas necesarias para llevar un control en su sector, no les culpemos y estigmaticemos, porque seguramente de ahí hay también mucho que aprender, y preguntarse por qué las autoridades (locales, regionales, nacionales) siempre han ido varias marchas por detrás.

Si estos profesionales, los ‘de la calle’ por así decirlo, no tienen la oportunidad de poder realizarse tantos controles, y por lo contrario de vivir con la lógica incertidumbre y miedo, sí, miedo, más que el que deba tener un futbolista y acuden a sus puestos de trabajo regularmente, mal ejemplo hacen los jugadores en quejarse de nada.

Sirva como ejemplo las palabras hace ya algunos días de Rakitic, del FC Barcelona, que poco más o menos dijo lo que yo creo que casi todos pensamos: menos quejarse, y más volver a sus trabajos si las autoridades lo permiten. El croata fue consciente y así lo expresó, de que es imposible el riesgo cero para los deportistas, como también lo es, por desgracia, para la gran mayoría de los ciudadanos que desde el principio de la pandemia han dado un ejemplo de compromiso y valentía.

Que vuelva el fútbol no va a salvar ninguna vida, pero nos la irá haciendo cada vez un poquito más agradable, lo mismo que cuando vuelvan otros deportes, aunque sea sin público, o que, como empezamos a vislumbrar, poco a poco podamos sentarnos en una  terraza a tomarnos un café, desayunar fuera o simplemente, disfrutar del aire libre.