No debe resultar sencillo ser Alfonso Serrano o Álvaro Cervera durante estas semanas. Imagino que recibirán presiones desde dentro y desde fuera. Si no ha cambiado radicalmente su forma de ser, el presidente Miguel Concepción estará desesperado con la llegada de un delantero. De un nombre que alimente la famélica campaña de abonos del CD Tenerife. Seguramente sin darse cuenta que su propio discurso ha quitado el hambre a la parroquia blanquiazul. No se puede llenar una sala de cine si invitas a la gente a ver la misma película que el año pasado. Seguramente sin darse cuenta también que su capacidad de gestión llega hasta donde llega y el margen de maniobra en el mercado es el que es: escaso.
Pero las presiones a la comisión deportiva blanquiazul llegan también desde fuera. Esos potenciales abonados quieren más. Nombres que ilusiones. Promesas que cubran carencias detectadas con claridad la pasada campaña. Les importa un pimiento si las mejores opciones tardan en decidirse o sus clubes de procedencia en soltarlos. Quieren fichajes ya. Porque hay otros que se están dando prisa. Y la sensación que tienen es que al Tenerife se le escapan buenas opciones en el mercado. Que llegará tarde a lo mejor.
Coincido plenamente con mi admirado José Rojas en la incapacidad absoluta para generar un mensaje ilusionante desde el Callejón del Combate (solo hay que ver el spot, que empieza tres historias, no termina ninguna y no transmite una idea concreta). También en la nula ambición de Concepción. Quizás por eso muchos abrazamos la posibilidad de que los inversores llegaran con César Gómez y el club diera un giro en su conservadora trayectoria. Una aclaración: a mí también me decepciona que el exjugador blanquiazul no haya respondido de alguna forma al órdago del presidente.
Pero el caso es que el Tenerife no está en la situación del Alcorcón (renovación profunda), el Llagostera (recién ascendido) o el Girona (que casi desciende) por citar a algunos de los clubes más fichadores de este verano. Más bien se presenta en el mercado con la necesidad de acertar para mejorar una buena base. Por eso, no puede traer lo primero que ve en el escaparate.
No nos engañemos. Las primeras opciones prefieren jugar en Primera División (Ángel), tienen fichas elevadísimas (Alfaro) o esperan con calma la mejor oferta posible (David Rodríguez o Nino). Las segundas, tan válidas como las mencionadas, hacen la pretemporada con sus clubes a la espera de ser descartados. Ellos también aguardarán opciones de jugar en la máxima categoría a continuación. Cuando vean imposible ese deseo, ahí debe estar el Tenerife.
Por eso, me temo que los fichajes blanquiazules seguirán cayendo a cuentagotas en las próximas semanas. Y puede incluso que los más ilusionantes aterricen en la Isla en la última quincena de agosto. Lo contrario sería fichar cualquier cosa, no mejorar lo que ya hay en la plantilla e hipotecar el futuro en Segunda. Toca arriesgar, pero esperando. Así es el mercado cuando no tienes el dinero suficiente para disipar las dudas. Ni la capacidad para generarlo. Ni la ambición para buscarlo. Así es ser pobre en el fútbol.