Por @AleixValero
La rueda de prensa posterior a la derrota en Lorca fue, seguramente, la mejor de José Luis Martí desde su llegada al club. Obviando claramente las primeras, generadas por su incorporación como técnico careciendo de experiencia en los banquillos profesionales y por su lógica vinculación con uno de los ascensos históricos a Primera División, el técnico balear se salió de su guión habitual ante la prensa.
Del “estoy muy orgulloso” de los jugadores, lo “bien que han interpretado lo que queríamos”, o el “hasta el último entrenamiento no voy a decidir” una alineación, pasó a un mensaje más duro, aunque edulcorado en la sala de prensa de Lorca.
“hubiera cambiado a los once” en el descanso dijo Martí, que luego utilizó un escudo “y a mí el primero” atenuador de unas palabras que seguramente hubieran dicho todos los aficionados de verse dirigiendo a su equipo. Que el Tenerife pudo salir goleado es un hecho, hasta lo reconoció el propio Martí: “Nos llevamos un punto pudiendo haber salido goleados” dijo, “no hay dudas al respecto”.
Pero como bien sabe el entrenador, que ha sido jinete antes que caballo, poner en el foco a sus jugadores, más allá del calentón lógico después de presenciar lo que todos vimos, no podría sino causar más problemas a medio plazo que arreglar algo que ya había acabado. En un par de ocasiones se apresuró a convenir que el “principal culpable” de lo de Lorca fue él mismo, pero esa es otra de las mentiras del fútbol, este en el que once, o veinticinco personas (futbolistas) mandan más que los entrenadores salvo honrosas excepciones, y pueden llegar a ponerlos y quitarlos a su antojo; ejemplos hay miles.
Aunque dudó en señalar a la falta de actitud como principal motivo del paupérrimo nivel exhibido, en la primera parte sobre todo, eso fue exactamente lo que pasó el fin de semana; falta de actitud y de compromiso con el compañero. Y cuando te ahorras una carrera, un esfuerzo, por llegar a un balón o simplemente de cerrar un espacio, ocupar un lugar vacío, tu compañero se puede ver superado, desbordado.
Eso es lo que pasó el otro día, a nivel general, no en un caso concreto, cuando vas dejando para luego lo que debes hacer en ese momento porque piensas que lo vas a resolver…Y así fue como el Lorca pasó, como auténticos aviones, a la defensa blanquiazul. Entiéndase la defensa desde los delanteros hasta el portero, Dani Hernández, que achicó como pudo lo que le llegaba.
Ese exceso de confianza no se debe de permitir. Cierto es que todos somos humanos y quién no ha pecado de cierta soberbia en algún momento, sin tener por qué existir premeditación. Aunque no creo que la intención fuera la dejación de funciones, fue exactamente lo que ocurrió, y solo cuando el equipo comprendió que era humano, vencible, reaccionó. Pero que quede claro que lo del sábado fue algo más allá de alineaciones, sistemas, dibujos o lo que sea. Es una derrota concreta que señaló a los jugadores, por mucho que Martí, en su papel, se expusiera como mártir.