Por @beatrizpalmero
Hace ya más de 25 años, un equipo femenino, del que apenas se hablaba más que en las páginas de polideportivo de la prensa local, nos sorprendió a todos con el primer título de la Copa de la Reina para Canarias. El Club Voleibol Tenerife, a la sazón Afelsa Los Compadres, alzaba el título por primera vez, situando el voley femenino en el mapa del corazón de todos los tinerfeños.
A aquel equipo, liderado por Quico Cabrera, le costó seis años volver a lo más alto del cajón, pero a partir de entonces se subió otras diez veces de forma consecutiva. Y, en ese camino, también conquistó la Superliga, y llegó al Olimpo, ese que no ha visitado nunca ningún otro equipo español, la Copa de Campeones de Europa.
Cuando nos dejó Quico, también se fue, en cierta forma el Club Voleibol Tenerife con él. O eso creíamos. Instituciones y empresas le dieron la espalda no sólo al club más laureado del Archipiélago, sino al club que hasta el momento más había hecho por el deporte femenino. Por primera vez un equipo de mujeres copó portadas, protagonizó retransmisiones deportivas en directo y llenó el Santiago Martín (con capacidad para poco más de cinco mil espectadores) dejando a cientos de aficionados en las puertas.
Pero su familia no se resignó a dejar morir su legado y a dejar morir el sueño de su vida. David Martín dejó crecer las semillas plantadas por su tío y recogió la cantera del extinto club blanquiazul con la idea de ir creciendo. Encontró el apoyo de Fígaro Peluqueros e Iván Machuca y de un maravilloso equipo de apoyo, desde Patri Gil a Rubén García, pasando por el excelente trabajo en la comunicación de Aury Toledo y Sandra Acosta, por las pequeñas que animan los tiempos muertos a ritmo de reguetón y por una afición que volvió a las gradas llena de añoranza. Han conseguido transmitir la imagen de una familia, desde quien atiende el pequeño puesto de chuches el día de partido hasta quien recoge las pelotas tras el último set. Se respira ilusión, la ilusión que lleva el Haris en su nombre.
Y lo más importante, el club ha sabido reunir un grupo de jugadoras que no sólo aportan calidad, sino que han formado una familia también sobre el parqué. Implicadas con la cantera, luchadoras, cercanas a la afición. Ellas llevan el peso de esta Copa. Su ilusión, su entrega hizo posible que un equipo canario alzara el título 11 años después. Desde la eficacia de Jessica Wagner, MVP del torneo, hasta la entereza de la debutante Yara Torres, desde el pundonor de Laura Naranjo hasta la alegría de Patricia y Flavia, sin olvidar la garra de Cristina Sanz, la eficacia de Daniele Batista y Janine Sandell, la serenidad con la que siempre sale Lydia Alonso, el apoyo de Nuria Avero, Andrea, Marlen… todas han logrado lo que parecía imposible: que Quico Cabrera volviera a la vida. Porque si el voleibol femenino está en boca de todos, él también.