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El jugador franquicia

Por @juanjo_ramos

Las semanas que siguen a una victoria del CD Tenerife se le hacen largas a algunos que, acostumbrados a mantener un discurso oscuro, se quedan descolocados. Por eso, hay que enfocar hacia un lugar distinto a la clasificación. Porque en ella, con la distancia de un solo punto con el play off, solo encontrarán lo que no quieren aceptar: que el trabajo de esta plantilla, confeccionada por un director deportivo al que detestan y entrenada por una figura respetada por el tinerfeñismo y al que no encuentran como hincarle el diente, está compitiendo a buen nivel.

Claro que se podía haber fichado mejor, dirigido mejor y hasta jugado mejor. Precisamente esa es la gran esperanza para la segunda parte del Campeonato: el margen de mejora.

Aburridos de la realidad, la salida de Marc Crosas abrió una puerta de par en par a la crítica. Y leí entonces una nueva teoría: los jugadores franquicia se van en enero. Me sorprendió no tanto el argumento como que la defendiera gente a la que considero cabal. Y entonces, por supuesto, me pregunté si el equivocado era yo.

Creo que no. Básicamente porque la consideración de jugador franquicia a Uli Dávila, Tomás Martínez y Marc Crosas es errónea. Sobre todo si partimos de la base que importa: la opinión de sus entrenadores. El mexicano fue presentado como «la guinda del pastel» y no como El Centro del Universo. Es verdad que su gol a Las Palmas elevó las expectativas. Pero fuera del club. No dentro. Aquel año, huérfanos como estábamos de Ayoze Pérez, fue Diego Ifrán el señalado para copar protagonismo. Y si le preguntamos a Álvaro Cervera seguro que elige como referencia a Aitor Sanz en lugar de al uruguayo.

En el caso de Tommy, era un jugador joven que venía a completar plantilla. A ser un jugador «distinto» a lo que ya había. El papel protagonista se le supuso por su procedencia: River Plate. Pero Raúl Agné nunca lo tuvo en esa consideración. Lo puso poco tirando a casi nada. Con José Luis Martí se acabó yendo. Y de Crosas ni eso. Si hay que hablar de jugador franquicia en el origen de esta temporada, esos serían Nano (antes de su marcha) y Choco Lozano. Como sus antecesores, Martí tampoco creyó tanto como se vende en el mediocentro. Siempre tuvo claras sus preferencias: Vitolo y Aitor.

Ocurre que el sector destructivo prefiere poner el foco en lo que sale mal. El acierto con Amath les importa un pimiento, a pesar de que es el hecho más destacado del mercado de verano sin ningún género de dudas. O los de Camille, Iñaki o Aarón Ñíguez. Ocurre que los críticos coherentes a medida sienten (o sentimos) la necesidad de ser más rigurosos que generosos. Y eso no está mal. De ahí, el debate. Saludable si tiene un origen más parecido al sector crítico que al destructivo.

Conviene mirar alrededor para observar que lo de las salidas en enero pasa en casi todos los equipos. Se trata de un movimiento habitual en estos tiempos. Basta con fijarse en el Tenerife pre-Serrano para darse cuenta que Quique Medina hizo cuatro fichajes y dio seis bajas en su último mercado de invierno. Entonces a nadie le pareció un escándalo.