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El harakiri

Redacción Deporpress | “Parece que nos gusta hacernos daño”, decía López Garai en rueda de prensa. Y no es para menos. Se dice que el ser humano aprende del ensayo y error. Pero parece que dicha premisa no se cumple en el CD Tenerife. Otro vuelo accidentado en el recinto de la calle San Sebastián. Ni con lluvia, ni con sol… los blanquiazules no encuentran recetas a su dolencia y terminan castigándose a sí mismos como si de un ritual japonés se tratase.

Porque los guiones del nuevo Tenerife 19/20 no diferirían mucho de una de las grandes joyas cinéfilas de la historia: Harakiri, de Masaki Kobayashi. Un equipo que parece que se castiga a sí mismo por sufrir más de lo necesario ante un rival que fue netamente inferior. Porque nadie se extrañaría este domingo si los insulares no solo salen con tres puntos, sino con una amplia goleada a su favor.

Todo marchaba bien. Los de Garai se ponían 2-0 con convicción. Momentos álgidos de juego que anulaban a un Racing completamente desbordado por la precisión, entonación y caudal ofensivo blanquiazul. Pero Alberto se convirtió en ese gancho o cliché que muchas veces nos cuelan en muchos largometrajes para dar emoción a la historia. 2-1.

Lasso calmó la tensión en el segundo acto (3-1). Pero otra vez, el cliché hacía acto de presencia con otro autocastigo, en una mala salida de balón desde la primera pieza del engranaje blanquiazul que se convertía en un dardo envenenado: 3-2. Con media hora para le final, la acción en el Heliodoro pasaba a un apasionante thriller. Suspense en los asientos del graderío que castigaban a unos acostumbrados corazones sufridores en clave blanquiazul.

El protagonista ya no vestía de blanco y azul. El ‘villano’, disfrazado de cántabro, fue ganando peso mediante el argumento del balón. Y llegó el castigo antes de los créditos. Final chungo, de esos que duelen y te dejan tocado una semana pensando en lo que pudo ser y no fue. Los nuevos personajes que entraron en escena no mejoraron a los de la primera hora de la película. Y un guion que pintaba de forma brillante se caía como castillo de naipes en el momento importante. Porque tan importante es encontrar unas llaves para abrir puertas, como echar el cerrojo para resguardarse ante las amenazas.

Haciendo una parada en el baile de símiles, este Tenerife suma 12 puntos de 36 posibles o, lo que es lo mismo, un tercio de lo que existe en juego. Porque los blanquiazules no dan sensación de regularidad –resultados- ni de seguridad –entramado defensivo-. Un plan de partido gallardo como si se lanzase una moneda al aire donde la brillantez en el caudal ofensivo se equilibra en sentido negativo con las enormes grietas en cancha propia. Solo un duelo con portería a cero (derbi canario), que ofrece números de descenso en la retaguardia: cuarto que más encaja: 19, una media de 1,6 por encuentro.

Contratiempos que hace mella en la moral y confianza de equipo, entorno y afición. Y el campamento base podría repetir como objetivo único pese a un estilo de juego bonito que convence, pero que queda en agua de borrajas cuando los errores crecen como una bola de nieve en lugar de disminuir su volumen.