Por @jf_rojas
Los que aún no quieren entender el clima que viene rodeando a Cervera y su equipo estos meses podrían, entre otras cosas, echar la vista atrás y buscar en la historia del Tenerife una campaña de fichajes tan terrible como la de este verano. Dejando aparte el más que discutible cambio de criterio en la política deportiva del club en el que hunde sus raíces el mal, es imposible mirar para otro lado cuando uno descubre el insólito porcentaje de desaciertos entre las altas de la temporada. Aunque ojalá la cosa se redujera a números y porcentajes porque, más allá de la irrelevancia deportiva hasta la fecha de fichajes como Guarrotxena Maxi Pérez, Albizua o Igor Arnáez, la valoración del trabajo de la comisión técnica en verano queda retratada por el hecho de que de las diez incorporaciones, tres de momento, aunque posiblemente más en breve, ya no formen parte del equipo.
No debe haber muchos ejemplos en el fútbol mundial de clubes que se hayan limpiado a casi el cincuenta por ciento de sus fichajes en media temporada. Mucho menos si consideramos todos los sucesos que han precedido cada una de las bajas, sucesos que vistos por separado podrían parecer extravagantes pero que en conjunto nos dibujan un panorama tan intolerable como surrealista. Historias como la del discreto hondureño, la del irascible Jacobo Sanz o la del rebelde Ruso García suceden si acaso de lustro en lustro en un club medianamente serio dejando luego un poso difícil de olvidar. Aquí en cambio todas se nos han presentado en un puñado de meses, trufadas por otros episodios grotescos como el de Ayoze Díaz, de modo que el desconcierto generado por una era apagado por el estupor que provocaba la siguiente.
Lo ocurrido con los fichajes esta temporada es tan excepcional que sólo puede recoger una crítica excepcional. Por generosos o comprensivos que queramos ser, lo que nos encontramos a fecha de hoy sólo puede describirse como el gatillazo en toda regla de una política deportiva que ha conseguido todo lo contrario a lo que pretendía. Si la nueva sociedad formada por Serrano y Cervera se creó para construir un equipo a la medida del entrenador, los hechos nos dicen que ambos han fracasado doblemente. Ni Serrano ha sabido seleccionar a los futbolistas adecuados para el técnico ni Cervera ha demostrado flexibilidad y sabiduría para gestionar las capacidades de los fichados, un deficit que se evidencia especialmente en el caso de Uli Dávila, la última baja de la que tenemos noticia. Veremos ahora si lo sucedido sirve para que mejore la puntería en el mercado de invierno o si nos presentarán una segunda parte del despropósito. Habrá que tratar de ser optimistas aunque de momento, para qué engañarnos, la cosa tampoco pinta bien.