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El fútbol

Redacción Deporpress | El deporte rey es un deporte sumamente imprevisible. Depende de la ejecución de tantas herramientas, así como de algoritmos imprevistos, que su resultado final puede depender de más o menos injusticia. El Tenerife rompió su sequía de alegrías en una plaza históricamente positiva como lo ha sido siempre El Molinón, pese a que la fortuna no le había recibido con buenas manos en las últimas excursiones hacia tierras asturianas. Porque el fútbol es un deporte decidido por pequeños detalles. Hoy, sonrió a los birrias.

Sufrieron como veteranos de guerra los once hombres que saltaron con la elástica tinerfeñista. Tocó tirar de trincheras para frenar los ataques de un intenso Sporting, con una alta línea de presión. Se pasaron apuros en 45 minutos de ausencia protagónica sobre el área defendida por Mariño, dejando todo a la esperanza de mantener el cerrojo en portería de Ortolá. Pero los insulares aguantaron como guerreros después de una semana loca donde la salida de López Garai fue el ingrediente que provocó la bomba en los estamentos internos. Achicó demasiado terreno un Tenerife temeroso, con el mejor premio al descanso: el 0-0.

Hubo reacción tras vestuarios. La salida de Malbasic por Dani Gómez fue la primera declaración de intenciones. No sería la única. Se quitó ese medio un Tenerife que dio ese necesario paso adelante, abriéndose en el campo para generar desequilibrios en los asturianos. Seguir como en el primer acto solo tenía un único destino: hacer las maletas con cero puntos en el equipaje de vuelta. El botín vino rápido, en una jugada que lo cambió todo. Llegó a través del desequilibrio de Nahuel y el penalti de Marc Valiente, con consiguiente expulsión. Suso abrió el camino y Dani Gómez terminó de despejarlo.

Una sonrisa provisional que los corazones birrias pueden llevarse para pasar con mejores ánimos el fin de semana. Porque ya tocaba. Pero que no aplaza el cúmulo de incertidumbre que rodea a un equipo que tiró orgullo, coraje y esfuerzo colectivo para salir airoso de un escenario que pintaba negro. Porque hoy no podemos hablar más allá del factor resultadista, pues las victorias terminan eclipsando todo, pero el futuro inmediato de los blanquiazules –dentro y fuera de las canchas- sigue marchando a la deriva en un mar de interrogantes sin respuestas.