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El fútbol es recuperación económica

Por @beatrizpalmero

Debería comenzar disculpándome porque, no puedo negarlo, he tenido abandonada esta columna. La vorágine del día a día nos engulle, y con el confinamiento la avalancha provocada por el trabajo online ha acabado por sepultarme. Pero poco a poco me he ido haciendo con las herramientas de una profesora 3.0 telemática y empezamos a ver la luz, aunque a veces me pase horas al día contestando correos de compañeros, padres o alumnos, por no nombrar la tarea más tediosa que es corregir en una foto los ejercicios de lengua que recibo a diario.

Pero no vamos a retomar estas líneas para hablar de labores desagradecidas, sino porque, en estos tiempos casi distópicos que vivimos, necesitamos evadirnos en algún momento del día de estas cuatro paredes. Y hoy, en mi momento de asueto, abrí las redes sociales y, ahí estaba, mi recuerdo. Tal día como hoy, hace un año, estaba en el Heliodoro viviendo un derbi. Y qué derbi, un derbi que permitió a Carlos Ruiz entrar en la nómina de héroes blanquiazules.

Y, de repente, he caído en la cuenta de lo mucho que echo en falta el Heliodoro. Ese ritual de los fines de semana en los que, durante dos horas sólo piensas en blanquiazul. Y sí, he leído mucho en las redes últimamente que se ha parado el fútbol y el mundo ha seguido girando, utilizando este argumento para decir que no es tan necesario. Siempre, claro está, lo escribe quienes no disfrutan de este deporte. Pero, al margen de los gustos de cada cual, y de que es muy difícil explicar a quien la pasión por un deporte a quien no la siente ni tiene interés por sentirla, se olvidan de que, aparte de la parte emocional que es indiscutible, hay una parte económica que es más necesaria de lo que pueda parecer. Y no hablo de los sueldos muchas veces desorbitados de los futbolistas, ni de los más desorbitados aún derechos televisivos, sino de la cantidad de puestos de trabajo indirectos que genera el fútbol moderno y el impulso que supone para las economías locales. Los tenderos que venden bufandas por fuera del Estadio, los bares de alrededor, la tienda de golosinas, el restaurante al que vamos antes del partido, o el bocata que nos tomamos después y un largo etcétera. Y luego están los puestos de trabajo directos: periodistas, narradores, responsables de prensa, cuidadores de césped, cantinas, porteros, guardias de seguridad, delegado de la liga, speaker, marcador online… El fútbol, a los que lo detestan, puede parecer una frivolidad en tiempos en los que la cifra de fallecidos por esta pandemia asusta, pero si rascamos un poco más y dejamos de ver a 22 pijos corriendo detrás de un balón, como he leído mucho en las últimas semanas, encontramos una fuente de riqueza para nuestro pequeño microcosmos, para alimentar la microeconomía local que, ante lo que se avecina, hay que mimar mucho.

Y ya, si añadimos esa sensación de cantar un gol de tu equipo para remontar un derbi, es la guinda perfecta.