Redacción Deporpress | La UD Las Palmas exhibió ante el Zaragoza una garra y valentía sin el premio alguno. Ganó 0-1 el equipo visitante en un encuentro que pudo tener cualquier dirección y que mostró dos caras distintas. Las Palmas pasó de un fútbol lento y espeso a una actuación agresiva y ambiciosa en la segunda parte, que pudo ponerle de frente en el marcador. Los amarillos fallaron sus ocasiones cuando disfrutaron de su ofensiva, pero el Zaragoza apuntilló en el tramo final con otro gol más de penalti en contra de los intereses canarios.
Todas las precauciones posibles presidieron el primer tiempo del encuentro. Zaragoza desconfiaba de la capacidad de los amarillos pese a sus múltiples bajas, entre ellas las de última hora de Srnic y Fede Varela. A Pepe Mel se le sigue acumulando el trabajo o su imaginación. Debió reconstruir el equipo en una noche donde había que mostrar más garra que fútbol.
Pero si los maños se empeñaban en cerrar espacios para esperar una oportunidad, los grancanarios asumían el mando del juego a un ritmo lento, cansino y previsible. Excesivamente previsible, sin duda, por miedo al error. Y ello permitía al conjunto visitante montar su campamento en campo propio y esperar lo que pudiera cazar su delantero estrella, Luis Suárez.
Mantovani tenía que hacer con el colombiano un trabajo experto para contener sus movimientos. Lo hacía con anticipación o con faltas sutiles, porque ya Suárez había dejado su sello en La Romareda y no olvidaban los de Mel que fue decisivo aquel día. Aún así, antes del descanso tuvo el ariete del Zaragoza la más clara ocasión del momento porque se produjo lo que estaba esperando: error en un pase interior de los grancanarios y veloz contra a todo tren hasta el área. Pero el disparo no llegó a rebasar la posición del propio Mantovani, que coordinado con Aythami tuvo tiempo de reacción.
Las Palmas movía y movía el balón, pero sin la profundidad del gol. Sus iniciativas siguieron pasando por un Pedri alejado del área, por algunas internadas de Benito o por los intentos individualistas a veces de Araujo. El 0-0 era apuesta segura en una situación de partido tan conservadora.
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