Por @golcondomina | Acostumbrados a ligas de más de 100 puntos, a registros goleadores como los de Messi y Cristiano Ronaldo y, en definitiva, a una nueva en el fútbol en la que se pulverizan muchos registros, resulta extraño que uno, y no precisamente positivo, resista desde el curso 97/98 porque, y muy a su pesar, será muy complicado hacerlo peor en cuanto a clasificación se refiere al Sporting de Gijón que compitió en Primera División aquella campaña. En 84 campeonatos de liga nadie ha sumado tan pocos puntos en ninguno de ellos como el cuadro asturiano en esa ocasión. Los rojiblancos acabaron el año habiendo conquistado solo 13 puntos, después de ganar dos partidos, empatar siete y perder 29 recibiendo 80 goles pero, ¿cómo llegaron a ese punto?
Los esportinguistas llevaban varias temporadas con malos resultados. En la 94/95 una promoción frente al Lleida, en la que el tinerfeño Pier Luigi Cherubino fue pieza fundamental, estuvo a punto de llevar a Segunda a los asturianos. Tras empatar en el Camp d’ Esports a uno, el Sporting se impuso por 3-2 en El Molinón. Un tanto ilerdense más habría descendido a los locales, que escaparon de la quema in extremis. Un año más tarde el Sporting sería decimoctavo, mientras que en la 96/97 ocuparía la decimoquinta plaza, ya con importantes problema económicos en sus arcas.
Después de aquellos avisos la entidad asturiana decidió mantener su confianza en el técnico Miguel Ángel Bustos, que había concluido el curso anterior después de haber sustituido a Benito Floro. Bustos duró cuatro partidos, dejándole su sitio a Antonio Maceda. Maceda tuvo más suerte que Bustos porque duró 10 jornadas, momento en el que fue requerido José Manuel Díaz Novoa, que tuvo la fortuna de ser el entrenador que más duró en el banquillo ese año al poder dirigir 16 jornadas. Como Novoa tampoco fue la solución apareció José Redondo García, hombre de la casa que entrenaba al Sporting B y que lo hizo también a los jugadores del primer equipo desde la jornada 32 a la 38 ya sin opciones de salvación.
Pero eso no fue todo, además de cuatro entrenadores, el Sproting tuvo aquel año a 37 jugadores en plantilla, de los que utilizó a 34. Hasta tres porteros, Ablanedo, Juanjo y Lekovic trataron de acabar con aquella sangría de tantos en contra, en una plantilla que tenía buenos jugadores, como Nikiforov, Cheryshev o Lediakhov además de ilustres veteranos como eran los casos de Ricardo Bango o Villarroya.
El Sporting no ganaría un solo partido fuera de casa. En el Molinón únicamente se impondría al Racing de Santander (2-1) y al Espanyol (1-0) y ocuparía la última plaza desde la sexta jornada a la trigésimo octava después de que su mayor logro fuera estar tres jornadas consecutivas sin conocer la derrota. Los asturianos comenzarían un largo peregrinar por Segunda que acabó en 2008, casi 10 años más tarde después de haber sido -y seguir siendo- el peor colista de toda la historia de la Primera División.