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El eterno verano (14-7-15), por @beatrizpalmero

Por @beatrizpalmero

Cuando era niña los vernos me parecían eternos. Me encantaba tener esa sensación, acrecentada por el calor, de que los minutos parecían deslizarse con lentitud para que el reloj no fuera tan rápido. Y pasaban los días, y más días y uno siempre se levantaba con una ilusión nueva, pensando en qué gastaría las horas para entretenerse. Y así, durante el desayuno el mayor dilema era si cogíamos la bici para recorrernos el pueblo, si jugábamos al escondite en el campo de millo que había frente a la casa o si nos quedábamos al fresquito con un libro de Los Cinco o un comic de Tintín en la mano. Todas las ideas eran pocas para ocupar las horas que contábamos hasta que mis padres regresaban del trabajo, con el periódico bajo el brazo y, tal vez, con el 13 rue del percebe y anhelando que por la tarde tuvieran algún plan para nosotros, la piscina, unas compras, una visita.

A veces, sólo a veces, vuelvo a tener esa sensación de que el verano es eterno. Sobre todo, cuando después de comer, el calor ayuda a adormilarte mientras calculas si es el momento de tomarte un helado o abrir un refresco bien frío. La profesión me lleva a abominar del periódico cuando estoy de vacaciones, pero en uno de esos días que uno se sienta a la sombra en un bar, buscando el fresquito, acabo siempre por coger el diario y hojearlo un poco. Y, ciertamente, en más de una ocasión he pensado que mis compañeros están lidiando con el desierto. Pocas novedades y de nuevo esa sensación veraniega de que el tiempo no pasa, que todo sigue igual. Y si, por un accidente, recurro a las redes, más de lo mismo. La afición blanquiazul parece decidida a continuar la lucha fratricida hasta el final de los días. Qué cansino. Semanas enteras clamando al cielo por la cantera y ahora que Alfonso Serrano y Raúl Agné han decidido seguir apostando por los chicos, que se quedan los retornados y Cristo González, la cantinela es que no hay ilusión, ni fichajes, que no traen a nadie… Ufffff. Nunca nos ponemos de acuerdo. El caso es que quede siempre claro que el Tenerife lo hace todo mal, rematadamente mal. Si lo hace porque lo hace, si no lo hace porque no lo hace. Y vuelvo a pensar lo mismo: con este panorama, no hay mucho que hacer y será otro año duro.

Cierro las ventanas al mundo. Mientras esté de vacaciones prefiero perseguir esa sensación de que el verano es eterno, de que el tiempo no pase. Tal vez en una de estas los planetas se alineen y al fin pase algo distinto para cuando vuelva y tengamos la fiesta en paz. Soñar no cuesta dinero.