Por @pabloalbelo
Si abrimos la página web de la FIFA y buscamos el apartado de Las Reglas del Juego, nos encontraremos con una explicación detallada de las 17 reglas de las que se compone básicamente el fútbol. Una pormenorización que abarca desde cómo debe ser y cuánto mide un terreno de juego, hasta la norma que regula el saque de esquina, pasando por las faltas, las indumentarias o el balón. Sin embargo, junto a ese texto, encontraremos otro donde se habla de El Espíritu de la Norma. Se trata de una serie de recomendaciones, hechas por la propia FIFA, que se escriben para favorecer el espectáculo y el buen desarrollo de un partido de fútbol, permitiendo dejar una decisión a criterio del colegiado y que éste pueda flexibilizar, hasta cierto punto, una de esas reglas.
Pues bien. Este jueves hemos asistido al cierre, momentáneo, de una de las situaciones más dramáticas que se pueden vivir en el ámbito del deporte. Esas horas previas a ver cómo tu equipo se hunde en el fango de la Segunda División B por cuestiones extradeportivas no se las deseo ni al peor enemigo. Pero, para empezar este comentario, diré que no me parece mal que se aplique la norma del Control Financiero. Los clubes, acostumbrados durante años a dilapidar tanto dinero público como privado, están viendo cómo en los últimos meses han tenido que mirar hasta el último céntimo con el objetivo de cumplir con los ratios que marca la Liga de Fútbol Profesional. Me parece una medida acertada, porque permite a los jugadores ganar en seguridad para cobrar, y porque no deja deudas multimillonarias con sus acreedores, muchas veces las instituciones públicas.
Sin embargo, la Liga se ha olvidado de aplicar El Espíritu de la Norma. En cualquier liga civilizada y medianamente organizada, es inconcebible que un equipo pierda la categoría a 17 días de empezar la competición, así como que un equipo la recupere con el mismo plazo de tiempo cuando ya se había planificado para estar en otra división. Es inadmisible que se juegue de esa manera con los sentimientos de una afición, de actuar como auténticos verdugos sin importar cómo queda ese club y, quizás lo que es más importante, el aspecto de organización bananera que se ofrece al resto del mundo, al sacar a la luz el horario de una jornada de Liga donde el partido es Tenerife – Equipo 22. Entiendo que debe ejercerse un control sobre el gasto de los clubes, pero si queremos ser la mejor Liga del mundo esto no puede ocurrir. Aunque se están haciendo las cosas bien, seguimos estando en las antípodas de lo que es una Liga seria.