Por @josefelipem
Lo ocurrido en el Mundial del 74 y la Eurocopa del 88 había hecho crecer aún más la rivalidad entre la República Federal de Alemania y los Países Bajos. Sus enfrentamientos se habían convertido ya en clásicos y todos sabían que era algo más que un partido de fútbol con estilos bien diferenciados: por un lado el juego preciosista de los naranjas y por otro el fútbol directo de los alemanes.
Si todos los anteriores enfrentamientos habían estado cargados ya de suficiente simbolismo, el que se jugó el 24 de junio de 1990 en Milán no sería menos. Además de la rivalidad entre selecciones, aquel cruce de octavos de final del Mundial era un derbi de la ciudad en miniatura. Alemania contaba con tres jugadores del Inter de Milán como Klinsmann, Mathäus y Brehme, mientras que en los Países Bajos formaba el trío mágico del Milan, con Van Basten, Rijkaard y Gullit a la cabeza. Para los primeros, el partido era en el Giuseppe Meazza, por aquello de que, a pesar de jugar en los dos equipos de la ciudad, Meazza se asocia más al Inter; para los otros, sería en San Siro, nombre más utilizado por los aficionados rojinegros por la misma razón.
Era un duelo desigual. Alemania llegaba a aquel encuentro habiendo arrollado con anterioridad a Yugoslavia (4-1), Emiratos Árabes (5-1) y empatado con la sorprendente Colombia (1-1). Los Países Bajos quedaron encuadrados en su grupo con Inglaterra, Irlanda y Egipto, un grupo, a priori, sencillo. No ganó a nadie, igualando todos sus compromisos. Como quiera que Irlanda y Países Bajos estaban igualados a todo pero ambos se clasificarían, una como segunda y otro mejor tercero, se llevó a cabo un sorteo que ganaron los irlandeses. Los tulipanes, terceros, se verían las caras con Alemania, favorita al título junto a Argentina.
Una vez más, el partido fue muy bronco Frank Rijkaard cometió una durísima entrada sobre Rudi Völler, atacante de la Roma, por la que no vio ni la tarjeta amarilla. Corría el minuto 22 cuando el meta Hans Van Breukelen, uno de los más combativos dentro del terreno de juego, tuvo un primer problema con Völler a causa de un empujón. Klinsmann y Rijkaard acudieron raudos a, lo que parecía, poner paz, pero el holandés fue más allá; se acercó a Völler y lo amenazó a la vez que le escupía en su rizado, y caracterísitico, pelo (lo llamaban Tía Kathe por su aspecto de mujer alemana mayor, apodo puesto por su compañero Thomas Berthold). La imagen dio la vuelta al mundo. Aquel Mundial gris, que por otro lado fue pionero en muchas cosas y una de ellas fue la de tener un gran seguimiento por televisión, pasará a la historia, entre otras cosas, por aquel escupitajo.
El colegiado, el argentino Juan Carlos Lostau, decidió que lo mejor era expulsar a ambos futbolistas, el escupidor y el escupido en una sorprendente acción que el alemán acató después de haberse chivado al colegiado de lo sucedido. Camino de los vestuarios, Rijkaard volvió a escupir a un sorprendido Völler, por lo que el centrocampista del Milan se convirtió en un ídolo para muchos en su país.
Con 10 jugadores por bando, el partido continuaría su rumbo aburrido hasta que en el minuto 51 Klinsmann, tras centro de Berthold, puso el 1-0 en el marcador. La sentencia sería obra de Andreas Brehme, con un disparo desde fuera del área que no pudo atrapar Van Breuklen. Ya en el minuto 89, Ronald Koeman maquillaría el resultado desde el punto de penalti. Alemania se tomaba la revancha de lo sucedido en el 88, pero, más allá de ello, lo que más trascendería de aquel encuentro fue aquella fea acción de un jugador que, curiosamente, cuando entrenó al FC Barcelona visto su talante calmado, muy pocos entendieron que pudiera suceder.
¿Qué pasó después?
Alemania se llevaría el Mundial en una final ante Argentina en la que, una vez más, lo más recordado no fue el fútbol en sí, sino la sonora pitada del público italiano al himno albiceleste y los insultos de Maradona, llamando “hijos de puta” a todos los silbadores. Sorprendentemente, Völler no pudo jugar el siguiente duelo, ante Checoslovaquia, porque la FIFA apoyó la decisión del colegiado, en su lugar formó Karl Heinz Riedle. Lo que se sabe menos es que, ya en el túnel de vestuarios, el alemán agarró al holandés del cuello, golpeándolo contra la pared del túnel del vestuario. Fuera de sí, tuvo que ser agarrado por varias personas para que la cosa no pasara a mayores. Años más tarde, ambos jugadores representarían su reconciliación en las páginas de una conocida publicación europea pero, lo cierto es que, aún hoy, pueden verse camisetas en los Países Bajos con aquel momento, en el que Rijkaard vengaba a los invadidos habitantes de su país ante el agresor alemán.
La ficha
Alemania: Illgner; Reuter, Brehme, Kohler, Augenthaler; Buchwald, Berthold, Littbarski, Matthaus; Völler y Klinsmann, (min 78).
Holanda: Van Breukelen; Van Aerle (Kieft, min 66), Koeman, Rijkaard; Winter, Witschge (Gillhaus, min 79), Van’t Schip, Wouters, Van Tiggelen; Gullit y Van Basten.
Goles: 1-0, min 51: Klinsmann. 2-0, min 82: Brehme. 2-1, min 89: Ronald Koeman.
Árbitro: Juan Carlos Loustau (Argentina). Expulsó a Völler y Rijkaard. Mostró amarillas a Wouters y Mathäus.
Incidencias: Estadio San /Giuseppe Meazza, ante 74.559 espectadores.