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El ego de Jémez

No siempre pasa, pero en ocasiones las segundas partes no terminan por recibir los aplausos del público. Generalmente se da en situaciones de riesgo: cuando piensas que trayendo al mismo doctor que te hizo un apaño una vez, podrá volver a coserte sin riesgo de hemorragia. Con Jémez lo intentaron. Se han equivocado.

Para empezar no es bueno presionar, pedir, solicitar, rogar….como quieran decirlo….a un entrenador para que al par de horas de dejar una competición se siente en el banquillo de otra liga diferente. Primero porque, siendo sensatos, el entrenador apenas habría visto dos minutos del fútbol de Las Palmas en lo que va de año. ¿Se piensan ustedes que un técnico que estaba en México, después de sus entrenamientos, partidos, reuniones, etc, se iba a poner a ver un partido del cuadro amarillo? Yo no lo creo.

Pero Ramírez, al igual que pasó con Márquez, se empecinó en él. Y hasta que no lo consiguió, no descansó. En eso he de decir que el presidente es sobresaliente. No todo el mundo es incansable hasta que logra lo que desea.

Paco Jémez llegó a Gran Canaria vestido de Daddy Yankee: un look moderno, atrevido y militar. Pensó que, ataviado de sargento, los soldados aprenderían a hacer la fila a la primera. Nada más lejos de la realidad. Olvidó que recogía a un pelotón que ya venía siendo bombardeado y abandonado a su suerte desde hacía tiempo y que, antes de imponer la ley marcial, lo primero hubiera sido darles un abrazo.

El ego de Jémez, su «aquí estoy yo y esto es mío y lo destrozo si quiero», ha terminado por crucificar a una plantilla que no tiene ganas de nada. Jugadores que posiblemente callan más cosas de las que desearían contar. Porque su silencio a mi me desconcierta. No creo que tengan una mala plantilla. En esa casa paso algo más en su alacena.

Ojalá se salven, en el último segundo y con un gol de rebote. Si con eso valiera, lo firmo. Pero solo hay un camino si se quiere conseguir: primero que el capitán baje los galones y segundo que su batallón empiece a creer partiendo de cero. Misión difícil, aunque a un canario ¿cuándo ha temido al miedo?