Por @pabloalbelo
Alfonso Serrano tiene fecha de caducidad en el Tenerife. Eso al menos es lo que parece después de leer y escuchar algunas reacciones a las declaraciones esta semana del director deportivo blanquiazul. Parece que, diga lo que diga Serrano, está equivocado. Todo esto empezó meses atrás cuando Serrano dijo que había gente que perdiera el Tenerife. Algunos lo usaron para decir que se metía con los aficionados. Yo creo que no iban por ahí los tiros, pero ya estaba armado el belén. Y como en aquel momento, cualquier cosa era un arma arrojadiza, pues venga, a distraer con que se estaba atacando a la afición. Este miércoles lo aclaró, y recordó una vez más que no iba por la afición, pero eso ya no interesaba, así que lo ponemos en pequeñito y seguimos a otra cosa.
Pero, no me cabe en la cabeza que esta semana se haya dicho que Alfonso Serrano traicionó a Álvaro Cervera. El director deportivo solo habló de dos cuestiones puntuales. De la salida de Uli Dávila, al que calificó como uno de los mejores diez de la categoría, dijo que no se adaptó bien al club y que por eso no rindió lo esperado. Pues bien, la interpretación fue que como no le cayó bien a Cervera, le echaron. Claro, obviamos lo que dijo Serrano punto y seguido a esa frase, que fue: «quizás la culpa es tanto mía, como de Cervera, como de Uli». Era meridianamente lógico pensar que cada uno había tenido su cuota de participación en que el mejicano no llegara a adaptarse a la plantilla insular.
Y, por último, la frase que remata todo sobre la destitución de Cervera: «si llegamos a ver estos resultados, claro que habríamos tomado la decisión antes». Bueno, es que es tan obvia, que no merece la pena ni aclararla. Es que, si a quien tiene que tomar la decisión, le aseguran al 100 por 100 que el cambio tendría estos resultados, hubieran tomado la decisión tres o cuatro jornadas antes. Pero, de nuevo, obviamos una parte, que es la de: «cuando cambias de entrenador siempre hay un riesgo». Lógicamente, cuando se toma la decisión hay un componente de duda que es imposible de obviar. Al final, lo que importa, es que la decisión ha salido bien y ha tenido consecuencias positivas. Me alegro. En lo que a Serrano respecta, da igual lo que diga: siempre se le sacará punta a todo…