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El dilema (22-6-15), por @rondoscutillas

Por @rondoscutillas

El Tenerife sigue con su planificación para la 2015/16. Tras revisar la nómina de futbolistas que cumplían contrato el próximo 30 de junio, el club ha renovado los vínculos de Carlos Ruiz, Ricardo León y Dani Hernández. El central ofreció un rendimiento correcto, el mediocentro perdió pujanza respecto a lo que fue capaz de conseguir en la 14-15 y el guardameta fue una de las causas de que los blanquiazules no se fuesen por el sumidero hacia la Segunda B. Esas decisiones, unidas a la reciente ampliación de contrato de Vitolo, conforman el armazón de un proyecto al que, poco a poco, se irán sumando incorporaciones en las próximas semanas.

Mientras se despejan esas incógnitas y se desvelan las identidades de los elegidos para aquellas demarcaciones que urge reforzar, toca también tomar decisiones con los canteranos. Sobre todo con los cinco que retornan al vestuario del Heliodoro tras su periodo de cesión en otros clubes de Segunda B. Y, de todos ellos, Alberto Jiménez tiene ante sí el reto de derribar por fin la puerta del primer equipo para quedarse.

A pocos meses de cumplir 23 años, el majorero ha demostrado, tanto con los blanquiazules en la campaña del ascenso a Segunda B como este curso con el filial del Valencia, que la categoría de bronce ya se le ha quedado pequeña. Y que está ante una temporada decisiva. Así que ahora puede tomar la vía de creerse que puede vivir del fútbol profesional y triunfar en el Tenerife o seguir el camino de otros muchos que, por unas razones u otras, no llegaron a la meta y acabaron en Tercera pese a tener condiciones para mucho más.

Alberto las tiene. Es un portento físico si está en su peso. Es fuerte, rápido, domina el juego aéreo, tiene sentido de la anticipación, no es torpe con el balón y su único pecado es que, a veces, se empeña en arriesgar demasiado en zonas en las que perder el esférico equivale a una catástrofe. Con todo, tiene todos los ingredientes para triunfar, pero aún no ha explotado. Así que haría bien en convencerse de que el único que tiene la llave del éxito es él mismo.

Su caso me recuerda mucho al de otro central, Bruno González. Volvió de su cesión en el Teruel sin hacer ruido, pero se empeñó en quedarse en la primera plantilla y se hizo imprescindible en el curso del ascenso a Segunda. El Tenerife lo renovó ese verano solo por un año porque iba a ser el cuarto central en la categoría de plata. Él se rebeló contra esa etiqueta que le pusieron entre el club y los periodistas y le bastó la siguiente pretemporada para volver a hacerse básico. Cuando en el Heliodoro quisieron apostar por él y ofrecerle un contrato a la altura de su rendimiento, ya era tarde. Se fue. Y lo hizo a una entidad en la que hay más presión que aquí y donde únicamente valía el ascenso. El verano pasado, seguramente, Bruno tampoco estaba en ningún ‘equipo tipo’ del Betis que sale en las guías previas al inicio de la temporada. Pero volvió a ganárselo día a día y este año creció hasta convertirse en básico para el ascenso de los verdiblancos, así que ahora le espera nada menos que la Primera División.

Personalmente, eché de menos a Bruno este curso. Y, quizá ahora con Alberto, el Tenerife tenga en casa a ese central que no encontró, ni en Hugo Álvarez ni en Albizua, para acompañar a Carlos Ruiz. El majorero tiene que echar esa puerta abajo desde ya y empeñarse en repetir la historia del canterano con el que nadie contaba y que luego es titular. La pregunta es ¿apostarán por Alberto y lo intentarán renovar o también se irá sin dejar un euro en caja?  ¿Aprenderán del error cometido con Bruno? Alfonso Serrano tiene un bonito dilema.