Redacción Deporpress | Remando para quedarse en la orilla. El Tenerife no pudo sumar sus tres primeros puntos pese a intentarlo de todas las maneras. La expulsión de Luis Pérez a falta de media hora obligó a interpretar otro guion. Y dictó Aguado una igualada cuando los blanquiazules habían remado contra viento y marea. Volea inapelable que dejaba a los tinerfeños con la miel en los labios. Seguimos sin ganar.
El primer once dejaba mayores sorpresas sobre el papel que en el terreno de juego. Los blanquiazules se hacían con la posesión del balón en los primeros compases, pero sin profundidad. Juego horizontal sin aparente verticalidad. Los locales, también con muchas dudas, crecían tímidamente con el paso del encuentro, quitando el balón a los isleños. Pero el cronómetro avanzaba con escasez de juego, y de ocasiones. A la media hora, el colegiado paraba el partido para que los jugadores se refrescasen ante el fuerte calor de la ciudad. Cosas del fútbol moderno. Todo parecía destinado a las tablas al descanso. Pero José Naranjo, ayudado por el toque de un defensor andaluz, se empeñaba en lo contrario, con un lanzamiento de falta sobre el tiempo reglamentario para poner al Tenerife por delante en el marcador, por primera vez durante esta temporada.
El gol es un vaso lleno de confianza. El Tenerife salía con una dosis de energía extra. El tanto de Naranjo obligaba a un partido más roto, evidenciado en un Córdoba más necesitado por el resultado en contra y su condición de local. Pero el duelo derivó en un intercambio de golpes que perjudicó a los tinerfeños, en una acción que significó la doble amarilla para Luis Pérez.
Otro encuentro empezaba. Los blanquiazules se apretaban el mono de trabajo para defender la ventaja. La suerte parecía que empezaba a cambiar hacia nuestro favor. La ansiedad generaba prisas y descoordinación en las llegadas de los de Sandoval, mientras los blanquiazules se defendían en la mayoría de acercamientos blanquiverdes con seguridad. Y cuando Acosta tuvo la sentencia para el 0-2, llegó la siguiente jugada con penalti para el Córdoba. Pero Dani Hernández se hacía inmenso bajo palos y desviaba el lanzamiento. Cuestión de dinámicas. Pero los blanquiverdes encontraban premio a la insistencia cuando más duele: el descuento. Volea inapelable de Aguado ante la que no pudo hacer nada el meta hispano-venezolano. En el último momento, Quintanilla derribaba a Alberto en el área, pero el árbitro no declaraba pena máxima. Toca seguir remando.