Por Rubén Mesa (@Ru28992)
Cada fin de semana que juega el Club Deportivo Tenerife, son muchos los tinerfeñistas que siguen lo que hace su equipo, desde fuera de nuestras islas. Desde cualquier lugar de nuestro país o desde cualquier parte del mundo. Lo hacen a través de las redes sociales y también gracias a la radio online. Este fin de semana me ha tocado vivir el derbi desde la distancia y es algo que me hizo vivirlo de una manera distinta a como lo hago habitualmente.
El derbi me provocó tres estados de ánimo diferentes: en la primera parte estuve muy nervioso, ya que sentía que al Tenerife le costaba entrar en el partido, debido a la superioridad de Las Palmas. Esa superioridad se reflejó en el marcador, en el minuto 28, con el gol de Jonathan Viera tras la revisión en el VAR. Durante la primera parte vimos a un equipo muy gris, que se sostuvo en el partido gracias a las buenas intervenciones de Juan Soriano. Un equipo muy distinto a lo visto en jornadas anteriores.
Después del descanso el equipo blanquiazul empezó a mejorar en el campo, buscando el empate, mejorando su juego, mostrando más intensidad y subiendo la línea de presión, para provocar un mayor número de pérdidas de balón de los amarillos, intentando obtener alguna opción de gol a la contra. En el minuto 64 con un lanzamiento de falta directa de Elady Zorrilla con la colaboración de un jugador de Las Palmas, que desviaba el balón hacia el fondo de la red, el Tenerife conseguía la igualdad en el marcador, lo que me provocó mucha tranquilidad y felicidad. Desde ese momento del partido, tanto los blanquiazules como los amarillos, pasaron a realizar transiciones ofensivas muy rápidas de un área a otra, buscando el gol de la victoria.
Sin embargo, el último estado de ánimo que me provocó el partido fue impotencia, ya que en el minuto 82 pudimos ganar el partido, pero la mala suerte se cebó con el Tenerife, ya que una bonita jugada de Víctor Mollejo demostrando su calidad por la banda izquierda, en la que sirvió un gran centro para que Rubén Díez rematara, de espectacular manera, una gran bolea que desbarató Raúl Fernández al realizar una gran parada. En el minuto 91, después de tres córners seguidos para las Palmas, un rechace de Pablo Larrea desvió el balón a la red. Esto supuso la victoria amarilla y en el tiempo restante de descuento, el Tenerife no reaccionó.
Por todo ello viví el partido de una forma distinta, me quedé decepcionado y con el mismo enfado que todos los blanquiazules, tanto los que estaban en el estadio de Gran Canaria, como los que nos encontrábamos en otros lugares. Ser blanquiazul es un sentimiento y estés donde estés, lo sientes de la misma manera.