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El derbi (4-12-13)

Por @jf_rojas

Lo que nos une. Tenerife y Las Palmas son las dos instituciones privadas más influyentes y populares del Archipiélago. Ambas han tenido épocas de gloria y ambas han descendido a los infiernos. Ambas también han pagado y pagan la factura de la distancia y la incomprensión de una competición que se organiza a dos mil quinientos kilómetros. Los dos clubes en ese sentido encarnan en cierto modo la percepción del ciudadano canario ante lo que significa la insularidad. Más allá de la rivalidad, el triunfo de cualquiera de los dos puede ser sentido por el aficionado del adversario como una reivindicación frente a los obstáculos comunes. Pese a los prejuicios de los de fuera y los complejos de los de aquí, cada hito de Tenerife y Las Palmas evidencia que en Canarias también podemos hacer cosas grandes. Nos une el orgullo de demostrarlo y la defensa de una sensibilidad que en el fondo coincide.

Lo que nos separa. Se pongan como se pongan los regionalistas a ultranza, el mar siempre será una brecha que nos separe geográfica y psicológicamente. Una brecha que alimenta ese aburrido y manipulado pleito que desperdicia energías y recursos comunes y que también es causa de una competencia inagotable en terrenos como el fútbol. Tenerife y Las Palmas coleccionan agravios históricos. Pugnan por la preponderancia en las Islas y necesitan superar al otro para brillar. Quizás por eso sus épocas doradas han coincidido con las más oscuras del opuesto. La rivalidad de los clubes es en realidad la los estilos, la de las canteras, la de las aficiones, la de las instalaciones. Todas esas variables se miden en cada enfrentamiento. El tinerfeño siempre querrá estar por encima del canarión y viceversa. Nos separa que ambos aspiramos a ocupar un trono en el que solamente cabe uno.

El derbi. Se dice que uno es tan grande como lo es su enemigo. En ese sentido, a Tenerife y Las Palmas les conviene también la grandeza del otro. Ambos son vasos comunicantes de la pasión por el fútbol en las Islas y están condenados a enfrentarse sumando sucesos a una rivalidad que ya es clásica en el fútbol mundial. Hoy en el Heliodoro volverán a encontrarse con expectativas deportivas inciertas. Los derbis no se resuelven por trayectorias, nombres o números. Cada partido se presenta en una burbuja en la que lo deportivo pesa tanto como lo histórico, lo ambiental o lo emocional. Sé lo que me gustaría que ocurriera esta noche pero no apostaría un céntimo por un resultado. Confío en cambio en que el espectáculo en el campo y en la grada esté a la altura del significado histórico de la rivalidad. Este no es un derbi cualquiera y hoy volveremos a confirmarlo.