Por @ivanvillanua
«Hasta que no se marche Cervera no vuelvo al campo». Pues ahí está. Los malos resultados y un fútbol que había llegado a su ocaso han provocado que desde hace algunos días Raúl Agné sea el nuevo entrenador del Tenerife. Muchos pensarán que fue el único que se dignó a venir después de que Muñiz aprovechara la llamada de Serrano para sacar el monedero y exclamar «ay primo estírate un poco». Pero ni dinero ni voluntad de pagar más de lo que se debía. He ahí que fuera el técnico nacido en Aragón (en paro), quien aceptara el reto de mejorar el juego tinerfeño y, de paso, ganarse la posibilidad de disfrutar el próximo año de un comodín más para sentarse en el banquillo.
Los agnósticos ya no tienen excusas. Los Agnésticos, menos. Serán ellos los que, a partir de ahora, intentan convencer a los primeros de que es necesario volver al campo para animar a la plantilla. En mi caso, hasta el pasado lunes, era más de Cervera (entrenador), que de los cafés solos a media mañana. A partir del martes me he tatuado en el pecho, junto al escudo, el nombre de Raúl Agné (entrenador). En clave «personas», sinceramente no tengo el placer de conocer a ninguno de los dos.
Si quieren podemos empezar a pitar a Concepción (habrá quien lo haga), a sabiendas de que ya vuelva a caer otro palo de agua no se levantará de su asiento de presidente hasta el próximo año (fecha en la que entrará quien su masa accionarial diga y no quien la gente quiera salvo que reúnan más acciones que él, cosa improbable), o podemos dejarnos la voz y las palmas para empujar al equipo a la victoria.
Ojalá que con Agné todo cambie y logremos la unidad. Ya estamos todos cansados de tanto pito, crítica, vejaciones a compañeros y faltas de respetos de frustrados que se mueren de envidia por el éxito de terceros. Pero, por mi parte, oídos sordos hago a todos. Porque en mi caso, lo único que me importa es que este equipo me de alegrías. Y estoy seguro de ello. Confío en estos chicos. ¡Agné, aquí un soldado a sus órdenes a partir de ahora! ¡Victoria o muerte! Pero siempre blanquiazul. Como la gran mayoría de todos ustedes. Bienvenidos al club de los Agnésticos.