Por @juanjo_ramos
Los primeros pasos de un nuevo proyecto siempre son los más duros. Tiene uno muchas ideas en la cabeza y hay un momento en que se decide a coger papel y lápiz para apuntarlas y ordenarlas. Hay que descartar las irrealizables, ya sea por motivos económicos o de otra índole, y priorizar. Porque siempre habrá algunas que corran más prisa, ya sea para que la competencia no se adelante o para ganar en estabilidad y seguridad. Ese nivel de confianza necesario para saber que se va por el buen camino.
Es un buen paso renovar a Carlos Ruiz por ejemplo. El granadino debe ser un maestro, casi un padre, para Jorge y Alberto. Y supondría otro avance considerable convencer a Dani Hernández, que cerró la inmensa vía de agua de la portería desde que llegó en enero. Llegados a este punto, hay que valorar si el esfuerzo merece la pena. Y creo que, con la experiencia del pasado curso, la respuesta es evidente: sí.
Es entonces cuando surgen las primeras dudas. Aquellos que no son prioritarios ni tienen el cartel de indiscutibles. Que valen más por lo que representan que por su rendimiento de los últimos tiempos. Con el corazón, que se queden Ricardo y Cristo Martín. Con la cabeza… a darle vueltas al asunto. A su favor, la implicación y el respeto a los colores. En su contra, ese paso adelante que no dieron en la 14-15. Difícil decisión.
Siguiente paso, la bandera. Todo proyecto tiene una. ¿Ángel? Es tinerfeño, goleador, encaja bien en el perfil de futbolista que gusta entre la afición… Pero tiene sus pegas: tres años sin continuidad, unas exigencias salariales demasiado altas para la seguridad que proporciona su incorporación y el efecto que puede provocar en la gente las negativas del jugador a volver en otras temporadas. Igual conviene explorar otras alternativas. Difícil decisión de nuevo. Pero la conclusión es la misma: ahí hay que gastarse las perritas.
Y es entonces cuando se atacan las necesidades restantes: la banda izquierda, el gol de segunda línea, el especialista a balón parado… Durante todo el trayecto surgirán complicaciones. Rivales que se adelanten por los jugadores deseados, exigencias económicas a las que no se puede llegar y negociaciones que se enquistan (fundamentalmente las de salida). Pero por encima de todos esos obstáculos hay que avanzar. Porque el día 15 de agosto tiene que haber sobre el césped del Heliodoro un equipo competitivo y que ilusione.
Que el resultado allá por el mes de mayo de 2016 no sea tan bueno como cabía esperar viendo la pretemporada y el arranque liguero será otra cosa. Pero la afición del Tenerife necesita disfrutar con dos o tres fichajes, ganar partidos difíciles, ver a su equipo asaltar estadios importantes y contemplar la clasificación calculando hacia arriba… y no con el miedo a que te pillen los perseguidores.
A ver, Alfonso y Raúl, que quede clara la meta. Y recorramos, entre todos, el camino. Cojamos papel y lápiz…