Por @RondosCutillas
No. No me he vuelto loco con el título de la columna. Pese a que ayer por la tarde vi un espanto de partido entre el Alcorcón y el Tenerife, considero que los blanquiazules, después de muchas semanas, vuelven a estar en el camino. Y, para ser más explícito, en el buen camino. Sobre todo, si tenemos en cuenta que cada vez se acercan más al primer mandamiento de lo que su técnico le pide al equipo: no encajarás.
El rasgo principal del Tenerife de Álvaro Cervera desde su llegada al banquillo era ser un bloque difícil y complicado de ganar para cualquier adversario. Un equipo áspero para el rival pero, en ocasiones, incómodo para el espectador. El sueño de los que consideran que una labor defensiva fiable es el cimiento más sólido para ganar un partido. Este estilo tiene sus detractores y los respeto. En fútbol todo es debatible y, para los más puristas, puede considerarse incluso un sacrilegio que el Tenerife proponga lo que propone respecto a las señas de identidad que definieron al equipo del Heliodoro en su etapa más gloriosa: fútbol alegre, toque y definición.
Pero no nos engañemos. El pasado fue bonito, pero cada vez es más pasado. Y para regresar a ese lugar debe pasar tiempo. Ojalá que sea poco pero, cronológicamente hablando, estamos ahora más cerca de haber pisado el césped del campo del Montañeros que del Bernabéu o el Camp Nou.
El Tenerife, guste o no, es ahora mismo un equipo de Segunda de los del montón. Del montón de arriba si me apuran, pero del montón. Y eso, dentro de una categoría tan igualada como ésta en la que (casi) cualquiera puede ganarle a cualquier equipo, resulta una ventaja. El sistema de competición desagua cada año a los cuatro peores de la categoría, pero concede la oportunidad de estar más cerca del éxito a los que logran domiciliarse entre el sexto puesto y el ático de la clasificación.
Partiendo de la base de que hay que hacer las cosas rematadamente mal para caer a la Segunda B, encontramos que equipos como el Córdoba, el Éibar, el Almería o el Elche lograron dar el salto a la máxima categoría con un bloque difícil de superar para los adversarios y que, con viento a favor en forma de resultados positivos, terminaron por creerse que eran capaces de dar el salto al nivel superior y lo consiguieron.
Pues bien, el Tenerife ha encajado un solo gol (el de Lugo) en sus últimos cuatro partidos y ahora aparecen en el horizonte motivos suficientes como para ser optimistas. El añorado Ifrán volverá tras cumplir su sanción y es de suponer que, con él sobre el césped, aumentarán exponencialmente las posibilidades de que los blanquiazules puedan sumar de tres en tres si son capaces de conservar la solidez defensiva de la que han hecho gala en su último mes.
La otra razón para la esperanza es que 3 de los próximos 4 partidos se jugarán en el Heliodoro. Si la afición responde mejor que hasta ahora y crea el ambiente necesario en vez de poner la lupa sobre el inquilino del banquillo, el Tenerife puede obtener un nuevo factor que le ayude a desnivelar la balanza ante Sabadell y Sporting, primero, y, tras la salida en Sevilla contra el Betis, recibir al Numancia otra vez en casa para concluir la primera vuelta. Ojalá se confirmen los síntomas de solidez defensiva y el equipo vuelva a encontrar el camino. El buen camino, claro.