Fueron tres y pudieron ser más. El Tenerife se exhibió ante el eterno rival, la UD Las Palmas, y lo hizo delante de toda España (el partido lo daba Canal Plus), 24 horas después de que el técnico adversario menospreciara su juego porque en Gran Canaria “le silbarían”. Silbar no silbó nadie, pero este miércoles lo que chirrió fue el planteamiento de Sergio Lobera, el Pep de Escaleritas. Superado tácticamente por Álvaro Cervera, nunca encontró soluciones y permitió que su equipo fuera arrollado por un tren incontenible.
Eso fue el equipo blanquiazul. Con Suso a los mandos no puede ser de otra forma. Te arrolla. El tinerfeño, que sigue creciendo como futbolista, está encontrando esta temporada el premio a tanto sacrificio. A su velocidad y su carácter está uniendo una cualidad aún más importante: el criterio. De las que ya tenía nació el 1-0 y de la novedosa, el 3-0.
El otro protagonista del clásico fue Ayoze Pérez: dos goles y una asistencia. Su tarjeta de presentación ante el público nacional resultó inmejorable. Tuvo clase hasta para aguantar los palos que le dio Ángel, una demostración de futbolista frustrado y que viene de vuelta, como la mitad del equipo amarillo. En Las Palmas sobra la calidad, pero falta compromiso y trabajo. Con la ecuación al revés no sueles llegar lejos. Con un presidente esperando en la bajadita al entrenador o bajando al vestuario arbitral a quejarse, tampoco.
Pero no perdamos la perspectiva. Que aquí los que iban a ascender eran ellos. El Tenerife, a por la permanencia. Con casi medio camino recorrido (23 de 50 puntos) y la mejor racha de la categoría (ocho jornadas sin perder), sigue soñando. Y eso que hace dos meses más bien provocaba pesadillas en forma de Segunda B.
No es que de repente su plantilla no sea tan limitada como parecía al principio, sino que se han producido dos fenómenos paralelos pero interconectados. El primero que Cervera ha encontrado la fórmula reforzando sus ideas, acentuando la camaleonización del Tenerife. El segundo, que algunos de sus jugadores han crecido de forma exponencial. Se esperaba de veteranos como Carlos Ruiz o Raúl Cámara, pero no tanto de los mencionados Ayoze y Suso. O de Aitor Sanz, el hombre que representa la fórmula: intensidad, agresividad, esfuerzo.
Fuera, entre los aficionados, es el momento de disfrutar de lo conseguido. Y hasta de soñar con cotas más altas. ¿Por qué no? Sin obligaciones, que ésas están en la otra isla. Pero con ilusiones, que dos años de Segunda B acaban con cualquiera. Menos con el tinerfeñismo. Dentro, en el club, llega el turno de responder a dos preguntas de manera atinada: ¿Cómo renovamos a Ayoze? ¿Se puede hacer un esfuerzo en enero y quizás acelerar los plazos naturales?
Yo no tengo las respuestas. Creo que ellos tampoco. Pero, de momento, ya distinguen la pieza indispensable. O eso me queda de la frase de Miguel Concepción en Radio El Día: “Le he dicho a Cervera que es el entrenador que nos va a devolver a Primera”. Espero que esta vez acierte.