Veía este miércoles el Atlético de Madrid–FC Barcelona de la Champions y se repetía un pensamiento que ronda mi cabeza desde hace meses: la similitud del CD Tenerife con los colchoneros. Como ellos, empezó la competición a la sombra de rivales de mayor presupuesto (Deportivo, Zaragoza, Sporting…) y, a base de trabajo y una idea de juego que le viene como anillo al dedo a la plantilla, ha terminado por estar a su altura.
También partió de las profundidades. Porque si Cholo Simeone tomó las riendas rojiblancas más cerca del descenso que de la parte alta, Álvaro Cervera tuvo que rescatarlo de la Segunda División B (y hasta de los cuatro últimos puestos en las primeras jornadas de esta temporada). También se parecen los entrenadores: tipos francos, que van de frente, que no rehuyen tema alguno en sus comparecencias ante los medios y que fían todo a la humildad y el día a día. Nada de alharacas. También son la cara de sus respectivas entidades porque, ni presidentes ni directores deportivos, tienen su credibilidad o su presencia ante la opinión pública. Ellos tiran del carro, marcan el camino. Aunque el tinerfeñista no tenga el discurso del argentino.
Coinciden incluso en su idea de fútbol porque, aunque con matices, parte de una premisa: el fútbol se decide en las áreas. Por eso, no entretienen en exceso el balón en el medio cuando lo tienen en su poder, sino que buscan transiciones rápidas para llevárselo a los buenos y que ellos decidan. Cuando lo tiene el rival, pueden recuperarlo de dos formas: con una presión alta y asfixiante cerca del área contraria o con un repliegue delante de la frontal propia que no deja espacios para la imaginación o el talento adversario.
Las similitudes alcanzan incluso a las individualidades. Diego Costa, ese salto de calidad en ataque que garantiza gol y unos quebraderos de cabeza monumentales a la zaga que tenga enfrente, es Ayoze Pérez. Aunque menos fuerte y más técnico, el tinerfeño tiene el mismo efecto que el brasileño: cuando acaba el partido, los defensas no tienen ganas de volver a verlo. La pareja de centrales Godín–Miranda representa lo mismo en las huestes atléticas que la que conforman Bruno y Carlos Ruiz en la Isla: solidez, seguridad y anticipación. Por buscar parecidos, observen el ejemplo de Gabi que, como Ricardo, se fue y volvió para triunfar de nuevo en el equipo en el que se formó. Y freno que no quiero forzar comparaciones.
Para que el paralelismo sea completo me falta la afición. Porque la tinerfeña es tan pasional y entregada como la atlética, pero no llena el Heliodoro como hace la primera con el Vicente Calderón cada 15 días. Espero que allá por el mes de junio termine sucediendo. Mientras, deseemos que tanto el Atlético de Primera como el Atlético de Segunda, que es nuestro CD Tenerife, acaben festejando algo esta temporada. Se lo están ganando.