Empiezan los movimientos en el Tenerife, como cada equipo, como cada año. Suenan nombres que nunca vendrán, bulos de verano lanzados por representantes desesperados que buscan poner en el mercado jugadores sin apenas méritos. Empieza con todo la rueda de favores habitual consistente en fichar al que quieres y “comerte” a otro que viene obligatoriamente en el paquete.
De lo más destacado hasta ahora resaltar la importante rueda de prensa de Vitolo para decir que no se va, que el Tenerife le tira más que el dinero (ahora claro), y que nunca pensó en marcharse. Su futura carrera política se lo agradecerá. Los que ayer lo llamaban pesetero ahora lo tildan de ídolo. Un auténtico guanche llamado a hacer carrera en alguna coalición de las Islas Canarias.
Los aficionados, a excepción del asunto de Vitolo, no parecen contentos. Se oyen delanteros que no suenan a nada, salen canteranos apoyados por la grada y a todas estas solo se han cerrado renovaciones. La grada quiere más. Nombres que suenen a Primera. La realidad es otra bien diferente. El club está endeudado y sus fieles no pasan de los 4.000. La permanencia en Segunda es su techo y nombrar los tiempos de la UEFA no deja de ser la recurrente estupidez habitual en las barras de los bares más sombríos de nuestros barrios característicos.
Queremos jugadores de Primera gratis y canteranos salidos de una ciudad deportiva en ruinas que además hagan 30 goles o 100 paradas. Eso no lo hace ni Walt Disney en la mejor de sus películas. La idea de tener un proyecto a medio plazo parece que ha calado en todos los lugares del fútbol español menos aquí. Será por eso del independentismo y todo lo que lo rodea. Lo de trabajar la cantera invirtiendo tiempo y en unas instalaciones del Siglo XXI (también valdría del XX), es algo que no vende y el dinero necesario se marchó con los Kodros y Domingos. Penuria eterna, proyectos de mentira y crónica de una muerte anunciada el día menos pensado.
*Javier Rabanal es entrenador titulado UEFA Pro
Sala de Entrenamiento Javier Rabanal