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El adiós de Oltra

Por @juanjo_ramos

Empecemos reconociendo que el Tenerife de José Luis Oltra nunca funcionó como él mismo deseaba. Ni encontró el once ni halló la manera de ser contundente en las áreas, encajando menos y siendo más productivo en ataque. “Tenía números de cese”, claman sus detractores. Puede que así sea, pero lo cogió en descenso y lo deja fuera de esos puestos. Más cerca de lo conveniente, pero fuera.

Más allá de estas consideraciones habrá que valorar algunas cosas. Oltra cogió un equipo de contraataque, incapaz de realizar bien un repliegue o de no comerse una segunda jugada. En definitiva, un equipo muy poco trabajado y que quemaba sus naves en 15 minutos de intensidad sin medida. Le dio orden, una idea de juego, cerró la fisura de los balones parados y consiguió dotarlo de alternativas para rehacerse cuando iba por debajo en el marcador.

El Tenerife pasó a tener iniciativa en el juego por encima de la media de la competición, mejor ritmo en la circulación y más remates totales que ningún otro conjunto. Pero al mismo tiempo con menos remates entre los tres palos de toda la Segunda. Como el mal estaba detectado, el mercado de invierno debía resolverlo. Oltra pidió un delantero y Víctor Moreno le trajo a Coniglio. No hay sino que ver su rendimiento y el del resto de “refuerzos” para comprobar que la ayuda que llegó en enero no fue mucha.

Después del partido contra el Numancia en casa, la paciencia pareció agotarse en los despachos. Ese día el técnico había preferido a Carlos Ruiz antes que a Mauro y Héctor mantenía en es banquillo a Isma. Arriba querían a los fichajes en el campo. El empate en Alcorcón desató el enfado presidencial. Oltra transigió y, en cierta forma, decepcionó a parte de vestuario. Eso sí, el grupo nunca le abandonó.

El equipo siguió funcionando como lo había hecho desde el inicio: a empujones. Bien sobre el guión, mal en la conclusión del juego defensivo y ofensivo, lastrado por la ausencia de carácter, los errores individuales y la falta de gol. Pero Moreno observó un inexistente empeoramiento en el último mes. Sí, en el mes de la primera victoria fuera de casa o la remontada en el derbi. En el mes de la injusta derrota en Almendralejo, donde jugó mucho tiempo con diez. Un mes con una única mancha: la derrota contra el Almería. Perder contra el segundo, en su campo y sin jugadores como Milla, Naranjo y Nano fue suficiente para destituir al técnico.

Como siempre, los resultados dictarán sentencia sobre el acierto o no en la medida. Ojalá que Moreno acabe “teniendo” razón, que la moneda al aire caiga cara y no cruz. Por el bien de todos. Pero de momento no ha sabido justificar su drástica medida en la rueda de prensa de presentación de Luis César Sampedro. Terminó apelando a “información que manejamos internamente”, un tópico propio del que no sabe qué decir o tiene algo que esconder.

De las formas con las que se gestionó la salida y comunicación a Oltra de la misma ni hablamos. El Tenerife descendió ese día. Puede que deportivamente no, pero institucionalmente perdió la grandeza que se le supone.