Por @rondoscutillas
Se acabó la temporada. El CD Tenerife culminó el maratón de este curso con una marca peor de la esperada. A algunos les sabrá a suficiente tras los problemas por los que atravesó durante las diez primeras jornadas. Y a otros les dejará con el regusto de lo que pudo ser y no fue por múltiples razones. No me olvido de los numerosos errores arbitrales, decisivos en un determinado tramo del campeonato y que privaron a los blanquiazules de enlazar con los puestos de playoff cuando ese sueño aún seguía en pie. Tampoco convendría dejar a un lado los errores propios, numerosos en el epílogo y que hicieron que el grupo de Martí solo fuese capaz de ganar en uno de sus últimos ocho partidos.
Escribo este deficiente dato ahora porque es el momento de hacer balance. Y se va a quedar aquí. Porque el libro de este ejercicio se cierra ya. El contador se pone a cero otra vez para todos y para todo. Recuerdo que el inicio de hace dos temporadas nació enrarecido porque el Tenerife tampoco fue capaz de conseguir un triunfo en las últimas jornadas. Y los ventajistas siguieron sumando semanas sin ganar a esa nociva cuenta pese a que se trataba de otra Liga distinta. Aprendamos de los errores y, si el próximo curso se inicia torcido, ayudemos entre todos a enderezar los renglones. No seamos caníbales.
Del último partido hay pocas cosas que comentar. Los suplentes demostraron por qué lo son y el Tenerife volvió a encajar, otra vez más, a balón parado. Por ser positivo, rescato la profesionalidad de Aitor Sanz. Con el Tenerife perdiendo 2-0, contra un filial descendido, sin nada en juego y con media hora por delante, no sé cuántos jugadores de más de 30 años pueden salir a jugar con el interés que el madrileño le puso a cada acción. Es cierto que a veces se le pueden discutir determinadas cosas, como su manía de conducir en exceso o tratar de hacer más de lo que sabe, pero nadie podrá poner jamás en duda su compromiso con este escudo. Sin duda, el pasado sábado dio una lección de por qué se nota tanto cuando no está.
Este ha sido también un buen año para la cantera. Si tomamos como concepto que el Tenerife apuesta por dar la oportunidad de llegar al primer equipo a los que más sobresalen de su base y que luego, ellos solitos, deben ganarse el sitio y progresar según su edad, tenemos que ni Jorge Sáenz (19 años) ni Alberto Jiménez (23) han sido capaces de escalar más allá del muro de ser el tercer central. Que Jairo González (22) y Abel (25), que se fue en el mercado invernal, demostraron que no están para jugar en Segunda. Que Cristo González (18) ha sido el tercer juvenil con más minutos jugados este curso en la Liga Adelante, un dato que demuestra que las únicas dudas sobre su proyección están en su cabeza y en su entorno futbolístico. Por desgracia para él, el canterano fue más protagonista en las redes sociales que con su fútbol. Lo tiene y, si es capaz de centrarse y eludir los charcos en los que suele meterse, llegará porque tiene condiciones. Omar Perdomo (22) se ganó un contrato profesional con una muy buena primera vuelta y, aunque en la segunda no apareció tanto, supo aprovechar su oportunidad. Luego está Nano (21), el protagonista de la quizá única alegría de este curso al ver cómo derribó todas las puertas tras ser el tercer punta del plantel en la pretemporada.
Y este último párrafo es para alguien que se despide del club de sus amores tras situarse como el noveno jugador que más veces ha vestido la camiseta del Tenerife. Y eso que, a diferencia de lo que pasa ahora, llegó al primer equipo en su último año como Sub23. Este mediocentro, básico en el último ascenso a Primera, fue injustamente tratado por el sector de la afición que más anima en el Heliodoro. Ese grupo le dedicó una pancarta ofensiva antes de irse al Sporting de Gijón perdonando dinero al Tenerife. Y, a su vuelta a la entidad en 2013, fue recibido otra vez con una vergonzosa pintada cerca de su casa. Pese a todo, nunca se rindió. Ni una mala palabra. Ni un solo reproche. Respondió con madurez, fútbol y siendo útil a la entidad hasta el último minuto. Este curso se marchó Ricardo León. Gracias por haber sido un ejemplo.