Por @beatrizpalmero
La teoría del caos estudia cómo pequeñas variaciones en unas condiciones pueden suponer enormes diferencias en un futuro. El concepto más conocido de esta teoría es el llamado efecto mariposa ya enunciado en la sabiduría china con un proverbio (“el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”) y que reformuló el meteorólogo estadounidense Edward Norton trasladando esta teoría del caos a los fenómenos atmosféricos, diciendo que “el aleteo de una mariposa en Brasil puede causar un tornado en Texas”.
La teoría del caos se puede aplicar a todos los ámbitos científicos, a la vida misma, vamos. Cuando miras hacia atrás, hacia ese camino que recorriste y que, como decía Antonio Machado, “nunca has de volver a pisar”, encuentras que muchas veces los cambios de dirección se tomaron por detalles nimios que entonces parecían no tener importancia, pero que, a largo plazo, cambiaron el recorrido de tu vida: el rechazo de una oferta, unas lágrimas sorprendentemente consoladas, una llamada telefónica. Algo casual, un instante, breve, pero decisivo.
Y así es la vida entera, una relación, un cambio de trabajo, incluso de profesión. Basta un detalle y cambian hasta tus planes para almorzar un día. Los pequeños detalles, esos que casi no apreciamos, son los que marcan la diferencia.
También en el deporte es así. El partido en Vallecas lo demuestra. Una décima de segundo y el partido es otro. Un penalti no pitado habría cambiado todo. El árbitro decidió que el empujón a Bryan Acosta no era suficiente. Hubiera supuesto el 0-1. Pero su decisión dejó las tablas en el marcador y el Rayo se adelantó. Y el Tenerife ya tuvo que remar contra corriente y contra la suerte que parecía estar lejos de los blanquiazules: un balón al palo, un resbalón en el área propia cuando el rival ataca… pequeños y decisivos detalles. Y en esos detalles parece irse la temporada entera.
Podemos aplicar la misma teoría al partido del Huesca. Dos decisiones mal tomadas del trencilla y se acabó el partido. O al de León. Una actitud sobrada para empezar y el partido cuesta arriba. Claro que a estas alturas los detalles parecen más decisivos. Pero lo son todos. El haber confiado más de la cuenta en Martí por haber estado a punto de llevarnos a primera y por ser un hombre de la casa, haber logrado una victoria en casa en el peor momento retrasando una vez más la decisión…
Parece que los aleteos de las mariposas de este año nos llevan a frustrarnos antes de tiempo. No podemos achacar el resultado a una sola acción, porque, en un equipo entran en juego muchos factores, demasiados… Pero, desde la llegada de Etxeberría, poco se le puede achacar a los blanquiazules, desde mi punto de vista, sólo el partido en León. Sólo espero que, de aquí a final de temporada, en los partidos que quedan, me siga sintiendo orgullosa de mi equipo gane o pierda. Como pasó en Vallecas. Las mariposas, no las controlo yo.