Después de unas semanas convulsas en el deporte tinerfeño y en el país por varias presuntas malversaciones de fondos públicos, donde no nos intentan transmitir más valores que la corrupción, el engaño y la fractura social, tengo cada día más claro que la educación, donde incluyo al deporte y la cultura, debe ser el vehículo que ayude a esta sociedad a reverdecer y modificar sus pautas de actuación para dar un giro radical a nuestra visión y sobre todo a nuestra intervención en la vida social de nuestra convivencia.
El deporte y la educación están ligados en el contexto de la práctica saludable y el bienestar de los niños y los jóvenes en la sociedad y el sistema educativo.
Sin lugar a dudas el deporte ha adquirido una gran importancia en nuestras sociedades y en su desarrollo, convirtiéndose en un fenómeno sociocultural en donde se encuentran interactuando la familia, los técnicos, los clubes, los compañeros y más agentes sociales y que trasciende el ámbito estricto de las instituciones públicas, colegios, instalaciones deportivas, los estadios y los demás lugares en que se practica.
Mucha “culpa” de este auge espectacular que ha cobrado el deporte es gracias a los medios de comunicación de masa, la popularidad que ha alcanzado, y su consiguiente capacidad para atraer masivamente a aficionados de muy diverso tipo, hacen inevitable que se tenga cada vez más en cuenta su función educativa para difundir los mensajes y propagar ideales.
De ahí la importancia de promover un deporte “socializador” donde su práctica se promueva a través del deporte no en el aprendizaje del deporte. Conocemos el potencial humano que se acerca a los deportes pues entonces utilicémoslo como parte de la socialización de nuestros deportistas no solamente con el hecho de la intervención docente educativa del aprendizaje específico que es importante también sino que vayamos más allá.
El importante papel que este tipo de educación puede desempeñar, no sólo en el desarrollo cognitivo y físico de los niños y los jóvenes, sino también en el enriquecimiento de la vida de los adultos en el contexto de la educación a lo largo de toda la vida.
La educación es un factor esencial del desarrollo y el progreso, y la educación física y el deporte forman parte integrante de la enseñanza de calidad. En efecto, tanto la educación física como el deporte contribuyen a desarrollar las aptitudes “genéricas” y el potencial cognitivo y físico del niño, proporcionándole así las bases necesarias para su plena realización como persona y su bienestar. Los sistemas educativos son elementos básicos de la construcción del bienestar físico y mental del individuo, al que alude la antigua máxima latina “mens sana in corpore sano” [Una mente sana en un cuerpo sano].
Otro aspecto educativo, tan importante como la contribución al bienestar físico y mental, es el relativo a los valores que transmite e inculca el deporte, por ejemplo:
• El respeto de las normas;
• La negativa a admitir las trampas para conseguir la victoria a toda costa;
• El respeto del vencedor por el vencido y reconocimiento por parte este último de que el primero fue el mejor.
Estos principios cívicos y democráticos elementales forjan los valores que permiten a la personas vivir juntas en la diversidad, respetando las diferencias.
A veces el deporte provoca, por desgracia, pasiones y excesos de los que se hacen eco los medios informativos, ocupando las primeras páginas de la actualidad. Esos excesos ocultan y empañan una finalidad esencial de las competiciones deportivas: superarse a sí mismo, dando lo mejor de cada uno en las mejores condiciones físicas posibles.
El deporte de alto nivel ha engendrado representaciones excesivas que han desviado el sentido de los valores comúnmente compartidos. La mercantilización y el excesivo predominio de los aspectos financieros, con su cohorte subsiguiente de trampas y escándalos, se han convertido en fenómenos muy graves y preocupantes, pese a que sean relativamente marginales.
Pero todo este problema no es ajeno al que se vive en nuestra sociedad, es más lo identificamos con un paralelismo inmediato. El “dinero público” cómo una sociedad moderna puede permitir que unas sociedades anónimas deportivas no estén al día en sus pagos a la Seguridad Social o a la Hacienda Pública, cómo es posible que la sociedad no ponga remedios a que haya gestores públicos que hagan mal uso del dinero de todos, cómo una persona dedicada al pueblo que le ha dado su confianza con un voto no haga buen uso del dinero de todos los españoles. La negativa a admitir las trampas para conseguir la “victoria” a toda costa. Para mí todo está en la educación.
Por eso debemos exigir que la educación de nuestros deportistas ya sean niños o adultos sea integral donde no sólo los conceptos técnicos, tácticos, físicos, psicológicos, sean los que nos lleven a “victoria” sino que podemos conseguir otra “victoria” la verdadera y aún más importante y es la de la EDUCACIÓN PARA LA SOCIEDAD A TRAVÉS DE LOS VALORES.
No es una tarea fácil, todo lo contrario pero contamos con grandísimos educadores a los que debemos de dar el peso que se merecen en la sociedad y ayudarles, no sólo con materiales y aparatos técnicos, a que nuestra educación sea realmente completa y conforme a unos ideales y valores que nos devuelvan a una sociedad avanzada y que contribuyan a la educación integral para mejorar al individuo y desde él crecer como sociedad. Debemos contribuir entre todos a fomentar la educación física y el deporte con una óptica educativa, dando así prioridad a la sensibilización a los valores de disciplina, equidad, ética y paz.
Se debe centrar una atención especial en que el sistema educativo debe prestar a la calidad de la formación de los profesores de educación física y entrenadores de los deporte, así como al fortalecimiento de la capacidad de las estructuras que permiten impartir dicha formación dentro del sistema educativo y de los clubes y escuelas deportivas.
Esto es responsabilidad directa de nuestros representantes políticos tanto en su fomento como en su exigencia.
Un principio del arte de la educación es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino.