“Dice Álvaro Cervera que se implicará “lo menos posible” en los fichajes de enero. Pues si esto no es un matrimonio roto (distanciado al menos), que baje Dios y lo vea. De elegir prácticamente los nombres y hasta realizar las primeras consultas de una contratación a implicarse “lo menos posible”. El míster se siente decepcionado (por no usar una palabra más fuerte) profesionalmente con Quique, pero se pone en sus manos. Mundialito y Callejón están hoy más lejos. Mientras no afecte al equipo (que no afecta), allá ellos”. (Este fragmento corresponde a un artículo publicado en esta misma web el pasado 31 de octubre de 2013 y que pueden consultar en este enlace).
«El modo de afrontar los fichajes, el famoso (al menos en petit comité) informe de la discordia y otras diferencias surgieron después del ascenso para quebrar esa compenetración. Los malos resultados del inicio de temporada agrandaron la herida. Y aunque se nos ha vendido desde el Callejón del Combate que el asunto había mejorado en los últimos tiempos, algo pasó la semana previa a Córdoba. La pregunta ahora es si la relación profesional (la personal solo debe importarles a ellos) está rota o ha llegado a un punto en el que la convivencia es imposible. Si así fuera, a Miguel Concepción no le quedará otra que elegir. Si pueden coexistir, pese a la falta de confianza, adelante y que sea por el bien del CD Tenerife». (Este fragmento corresponde a un artículo publicado en esta misma web el pasado 26 de diciembre de 2o13. Lo puedes consultar aquí).
El divorcio se consumó la pasada semana, una vez que Concepción comunicó a Medina que no seguiría al frente del área deportiva la próxima temporada. El presidente confía más en Cervera, con el que mantiene una buena relación y almuerza casi semanalmente. Y como se ha visto en la obligación de elegir, lo ha hecho. Prescinde de un director deportivo al que nunca reforzó especialmente. Como muestra, su renovación. Que llegó más tarde que la del propio entrenador durante el pasado curso.
La decisión es, por tanto, coherente. Porque incorporar ahora un profesional para que ejerza como jefe de Cervera sin haber podido elegir al técnico, sino empezando por esa imposición, no resulta la opción más natural. Pero también es arriesgada. Porque entregar todo el poder a un entrenador siempre supone un riesgo. Si sale mal, el proyecto se desmorona de principio a fin.
Desde el punto de vista de Medina, se ha producido una traición del que consideraba su amigo. Pero olvida que éste se ha limitado a quedarse, tal y como le ofrecía Concepción, de la misma forma que él lo hizo cuando fue despedido David Amaral. Es cierto que con una diferencia: no asumió sus funciones. A Quique le han condenado sus propios errores (Ayoze Pérez, Bruno, el famoso informe, la pérdida de primeras opciones en verano…). Pero sobre todo el choque de formas de trabajar con su mayor acierto: el propio entrenador.
Y si la decisión del presidente es coherente y arriesgada, la de Cervera tiene un punto de valentía y otro de riesgo. Por un lado, da un paso al frente para asumir toda la responsabilidad siendo consecuente con sus exigencias. Por el otro, un fracaso en estos tres próximos años de proyecto pueden marcar su trayectoria.
Así lo ven los tres actores principales. De la prensa hablamos otro día. De momento, les recomiendo que asistan con atención al inicio de la campaña de acoso y derribo a uno de ellos de los que dicen ser amigos del otro. Una película que ya habrán visto.