Por @juanjo_ramos
La clasificación del Tenerife en el primer tercio de Liga es suficiente razón para criticar la labor de Álvaro Cervera, Alfonso Serrano y los jugadores. Están por debajo de lo esperado y han protagonizado un par de actuaciones absolutamente indefendibles (léase Leganés y Llagostera). Pero subidos al caballo, en el fragor de la batalla, los árboles no dejan ver el bosque a los más exacerbados.
Su problema reside en la dificultad para explicar con argumentos futbolísticos por qué la labor del entrenador, su ayudante en la dirección deportiva y los futbolistas no alcanza el nivel deseado. Y ahí todos corremos el riesgo de quedarnos en la anécdota. Desde hace dos semanas, escucho/leo cosas algo vacías: “el equipo no juega a nada” o “Aridane en la derecha, ¿a quién se le ocurre?”. Vaya por delante que a mí el juego no me divierte y la ubicación del grancanario en la banda, parafraseando a Ángel Cappa, me produjo urticaria. Pero no se profundiza en estos asuntos del césped.
Por eso, no me he detenido demasiado en batallitas de dudosa importancia o credibilidad. Sin ir más lejos, me resultó artificial la polémica en torno a las ruedas de prensa de Cervera previa y posterior al encuentro de Palamós. En ellas, puede que no exhibiera una simpatía natural. Pero no hubo faltas de respeto a los periodistas. Discutamos si quieren sobre la evidente falta de mano izquierda del preparador blanquiazul o sus nulas dotes de empatía en determinadas situaciones. Pero me pregunto: ¿Tiene eso algo que ver con la mejorable trayectoria deportiva? La respuesta es evidente: no.
La última tiene que ver con Alfonso Serrano. “Hay personas que se alegran cuando el Tenerife pierde”, dijo para aclarar más tarde que se refería a “gente que quiere estar dentro o que quiere que al club le vaya mal”. Nunca dijo la palabra aficionado. Este miércoles le contradijo Miguel Concepción: “No sé las razones que le llevaron a ese punto pero yo no puedo pensar así. Creo que el que paga una entrada, sea un aficionado, un abonado o un socio, va a ir a ver ganar a su equipo”. Bueno, el presidente sí mencionó la palabra aficionado. Pero eludió referirse a los verdaderos destinatarios de la crítica de su secretario técnico.
Como con Cervera, la anécdota se convirtió en la noticia más importante. La discrepancia llama la atención: el jefe desautoriza al empleado. Pero que Serrano se equivocara en la crítica (que no creo que se equivocara) o en el uso de la palabra “cagada” será menos importante que sus errores en los fichajes del pasado verano. Que los tuvo. Y alguno de ellos, como el de la portería, de graves consecuencias.
La agresividad con la que, desde algunos sectores, se reacciona ante las ruedas de prensa me sorprende. Una de dos: o se sienten retratados y no soportan una crítica bidireccional; o no encuentran en el fútbol (porque no hay o no saben) razones para masacrar a sus ‘enemigos’.