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Director de grupo

Por @juanjo_ramos

Enfrascados en esta cultura del todo o la nada, de partidarios y detractores, de críticos o pelotas, exigentes o condescendientes, amigos o enemigos, parece que uno estuviera obligado a posicionarse a favor o en contra de Aritz López Garai. Llevados a ese extremo les adelanto que me ubico en la necesidad de tener paciencia con el entrenador del CD Tenerife y de no alimentar el inexistente debate sobre su continuidad o no. Pero añado matices, siempre necesarios, como esos grises que están entre el blanco y el negro.

Me gusta –y está claro que a los jugadores también– la apuesta firme por una idea de juego. Que tu equipo tenga una identidad clara es una bendición después de transitar entre las medias tintas desde 2015. Sin definirse, como algo ecléctico que intentaba aprovechar cosas de cada tendencia. Con entrenadores que nunca impusieron del todo un criterio. Así ha vivido el representativo en estos años. Solo José Luis Oltra intentó, sin éxito, darle un giro a la mentalidad futbolística blanquiazul.

Me confunde la gestión de alineaciones y cambios. Porque no se entienden desde fuera –y parece evidente que tampoco desde dentro– algunas decisiones que han significado el castigo con la suplencia de algunos futbolistas o el premio de la titularidad para otros después de largas semanas de ostracismo. López Garai ha sido capaz de darle un papel protagonista a José Naranjo dos semanas, hacerlo desaparecer del mapa siete y otorgarle la titularidad de nuevo en la décima. De borrar durante dos encuentros a Luis Milla, el único blanquiazul indiscutible desde su llegada en enero de 2018. O de anunciar refresco en su once y mantener en la formación inicial a los dos más veteranos (Carlos Ruiz y Aitor Sanz). Añadan que no está muy claro que sus sustituciones durante los encuentros hayan mejorado al equipo. Dicho todo esto desde el desconocimiento de datos que sí maneja el entrenador y no tanto nosotros desde fuera.

Tampoco me termino de acostumbrar, aunque periodísticamente dé mucho juego y se agradezca, a su discurso en las ruedas de prensa. Siempre claro, siempre transparente (eso es bueno), López Garai no ha dudado en señalar a Alberto contra el Fuenlabrada por su error, contra el Oviedo echó en falta el talento de sus futbolistas en los últimos 30 metros y después del Extremadura se refirió a la ansiedad. De los  jugadores, claro. No sé si en el grupo gusta demasiado esa tendencia.

Solo la insistencia y una dinámica desfavorable de resultados puede convertir en graves estas cuestiones que por ahora solo son síntomas a evitar. Pero podría resumirlo en que, de momento, me convence más el entrenador que el director de grupo. Y esas cosas hay que cuidarlas siempre, pero más aún en lugares como Tenerife. Porque cuando nos ponemos tóxicos…