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Dinero

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife respira. El triunfo del pasado viernes en El Molinón fue una bocanada de aire para un grupo necesitado de oxígeno porque llevaba demasiadas jornadas sin llenar sus pulmones con un triunfo. La victoria, además, tiene valor doble porque sirvió para dejar por debajo en la clasificación a un Sporting que, con el primer tercio del campeonato ya consumido, no encuentra la manera de salir de los pisos bajos de la clasificación junto a otros ilustres de pasado reciente en Primera como el Deportivo, el Oviedo, el Málaga, el Rayo Vallecano o la UD Las Palmas.

Lo que ocurre esta temporada es solo un ejemplo de que el fútbol está cambiando. Es complicado estar arriba para cualquiera, pero el pedigrí y la solera dentro del fútbol profesional ya no son condiciones indispensables para que entidades sin tanto nombre puedan presentar una sólida candidatura a intentar mudarse al paraíso de Primera.

El ejemplo lo tenemos en la UD Almería, el visitante del Heliodoro este sábado. Subió a Primera en 2007 de la mano de Unai Emery. Se mantuvo cuatro temporadas en la máxima categoría y, bajo la batuta de José Luis Oltra, llegó a semifinales de la Copa del Rey en 2010. Dos años más tarde retornó a Segunda y, en 2013, regresa a la elite con Javi Gracia en su banquillo. En 2015 desciende y, tras cuatro temporadas en la Liga SmartBank, un jeque saudí, Turki Al-Sheikh, compra el club tras convertirse en su máximo accionista.

Su llegada, petrodólar en mano, supone una revitalización para una entidad que estaba asentada en la categoría pero que, igual que sucede ahora con el Tenerife, tiraba proyecto tras proyecto a la papelera. Técnicos como Sergi Barjuán, Néstor Gorosito, Fernando Soriano, Luis Miguel Ramis, Lucas Alcaraz o Fran Fernández fueron incinerados en la hoguera del resultadismo en apenas 4 años.

La diferencia de Al-Sheikh con respecto al anterior Consejo de administración es que ahora ya no repara en gastos y que el jeque invierte en mejorar la plantilla, las infraestructuras y la felicidad del aficionado, que incluso puede volver a casa subido en un flamante Audi de los que se sortean cada vez que el club indálico disputa un partido en el Juegos del Mediterráneo.

Dejando el componente folclórico a un lado, este Almería sobresale por su músculo económico. Posee una plantilla notable y, además, cuenta con futbolistas que, por su coste y proyección, están llamados a estar poco tiempo en esta categoría. El caso más notable es el del joven delantero uruguayo Darwin Nuñez, de apenas 20 años, y por el que han desembolsado al Peñarol 4 millones de euros a cambio del 80% de su traspaso. A esta cifra, además, habría que añadir 750.000 euros cuando juegue 20 partidos, una cantidad similar si alcanza los 40 encuentros y 500.000 euros más cuando los andaluces logren el ascenso.

Sus compañeros habituales en la delantera son José Carlos Lazo, autor de 8 goles el pasado curso con el Lugo y que ya suma la mitad de esa cifra en la temporada actual, y Juan Muñoz, que marcó nada menos que 13 el año pasado con el Alcorcón.

Sobra recordar que ningún integrante de la delantera actual del Tenerife pasó de 6 goles el año pasado en Segunda, así que la cita servirá para comprobar si algunos jugadores blanquiazules, como Dani Gómez o Suso Santana, han salido reforzados de verdad en lo personal de su actuación en Gijón o si, por el contrario, el fútbol sigue siendo un deporte que se decide en las áreas con delanteros que solo se pueden pagar si tienes un jeque árabe de presidente o mucho dinero.