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Dinámicas

Redacción Deporpress | De la derrota en Mallorca pueden sacarse dos lecturas. La más catastrofista invita a pensar que estamos ante un inicio calcado al de los últimos años por mucho que el mal fuese detectado, desde la dirección deportiva y el banquillo, con meses de antelación. No se aprecia, por el momento, corrección alguna en las desatenciones que se producen en las jugadas a balón parado, que otra vez cuestan una derrota, y tampoco hay reacción para darle la vuelta a una situación negativa como la que genera cualquier revés en el transcurso de un partido.

El equipo tampoco tiene mucho fútbol. Y, ante el escenario de ir por detrás en el marcador, es incapaz de encontrar un argumento válido con el que intentar nivelar nuevamente el partido. Sobre todo porque la suma de errores individuales deja a este Tenerife sin la continuidad necesaria para opositar con firmeza a poner en serios aprietos al rival a través del dominio del juego.

La visión más positiva es la que sitúa al equipo con una actitud irreprochable en cuanto a la entrega y el nivel de implicación para que las cosas salgan mejor de lo que salen. Es cierto que no ha sido inferior a ninguno de sus cuatro rivales en la Liga y que decisiones como la del inexistente penalti señalado hoy a Aitor Sanz resultan una losa para un equipo que, por ahora, no sabe cómo voltear una mínima situación adversa. Si dejamos a un lado las coartadas, habría que poner el foco en el dato de que la bolsa de la paciencia se sigue llenando con otra derrota, la tercera consecutiva, que alejan cada vez más la intención inicial de protagonizar un arranque a la altura de lo que requería este proyecto.

Es cierto que quedan todavía por delante nada menos que 38 jornadas, pero haría bien el Tenerife en desterrar esa peligrosa tendencia de que los adversarios le ganan con la regla del mínimo esfuerzo. El fútbol, como casi todo en esta vida, funciona también por rachas. Los blanquiazules han generado esta tendencia negativa con sus propios errores, ,algunos de ellos francamente evitables, y sus todavía notables carencias de funcionamiento. La solución pasa por minimizar los regalos y aumentar el caudal de fútbol que genera el equipo usando a los jugadores que se relacionan mejor con él a través de la pelota. Igual esa es la mejor fórmula para no seguir acercándonos al ‘agujero negro’ de cada inicio de temporada y lograr, por fin, que se produzca cuanto antes la deseable inversión de dinámicas.