Redaccción Deporpress | El 13 de junio de 2009. Fue la última vez que el Tenerife tocó el cielo. Su regreso a la élite. Una fecha imborrable para los recuerdos en clave blanquiazul. Girona se tiñó de blanco y azul para celebrar la vuelta del Tenerife a Primera División. Uno de los cachitos de historia de la escuadra insular que cumple una década. Y cuyo máximo protagonista fue Dani Kome. El héroe de Montilivi.
Una marea de tinerfeñistas se desplazaban a tierras gerundenses con un único propósito: llorar de emoción con los suyos. La idea de aplazar el alirón en la última cita en el Heliodoro era bonita, pero arriesgada. Había que hacer los deberes cuanto antes. Y los de Oltra no fallaron. No hacía falta una victoria. Con un punto era suficiente. Pero aquel equipo no sabía hacer las cosas a medias, sino de manera perfecta.
Los 1.200 seguidores blanquiazules presentes en las gradas –había un total de 5.000 aficionados aquel día- dieron ese aliento extra a los once elegidos: Aragoneses, Cendrós, Culebras, Luna, Sicilia, Mikel Alonso, Richi, Kome, Alfaro y Nino. El camerunés reforzó nuestros corazones con un gol al filo del descanso. Fue el inicio de la fiesta. Tres tinerfeños de pura cepa entraron de refresco. Ellos también querían vivirlo: Cristo Marrero, Ayoze García y Ángel Rodríguez.
El pitido final fue una liberación. Y un alivio. Toda la presión desaparecía para dar lugar a la celebración. Y el millar de seguidores blanquiazules saltaron al césped para unirse a la fiesta junto al resto del equipo. El Girona, invitado improvisado en su año de regreso en la Segunda División porque, como suele decirse, la alegría va por barrios y años más tarde les tocaría a ellos.