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Deuda

Por @rondoscutillas

Esta semana vamos a empezar esta columna con un poco de fútbol ficción. El relato está basado en lo que pudo ser y no fue por la suma de esos pequeños detalles que, en una categoría tan igualada como la Segunda División, suponen una auténtica sangría de puntos a la larga y cambian estados anímicos y objetivos ligueros. Este  CD Tenerife de José Luis Martí, del que se dice que no sabe a lo que juega y al que la falta de resultados tiene cada vez más cuestionado, podría estar ahora mismo tercero en la clasificación.

Sí, tercero. Con 23 puntos. Y en ascenso directo, ya que el Sevilla Atlético no cuenta, por su condición de filial, con ninguna opción para subir de categoría. ¿Se imaginan a este Tenerife con siete puntos más que en la actualidad? Es relativamente sencillo. Y no hace falta usar calculadora. Solo es necesario contabilizar como victorias los empates que se produjeron en el Heliodoro frente al Cádiz y al Numancia por los clamorosos errores de los guardametas Dani Hernández e Ismael Falcón, respectivamente, y ya tenemos 4 de los puntos que deberían figurar en el casillero blanquiazul. Los otros tres salen del penalti errado por el Choco Lozano en Reus que costó otros dos puntos (el Tenerife habría ganado si el hondureño llega a acertar desde el punto fatídico). Y del fallo de Aitor Sanz que originó el gol del Córdoba en la jornada inaugural del campeonato y trajo aparejada una derrota (otro punto menos).

Estoy convencido de que si el Tenerife fuese segundo en la tabla no se estaría hablando como lleva haciéndolo el entorno en las últimas semanas. Los vendedores de sangre habrían parado su producción semanal y tampoco habría lugar para los debates que están planteándose. En esta isla de extremos y de movimientos pendulares, las promociones para que los abonados puedan llevar gratis a aficionados serían un rotundo éxito y el estadio presentaría entradas mucho más llamativas que la que pudo verse ante el Numancia el sábado pasado pese al gesto del club con la puesta en marcha de esta campaña.

La realidad, por desgracia, es otra. El Tenerife vive en la ciénaga de la mediocridad clasificatoria porque la suma de los errores individuales mencionados anteriormente lo ha llevado a ganar solo 3 de los 14 partidos que ha disputado en lo que va de curso (un paupérrimo 21,42%). O, si prefieren redondear, necesita jugar 4 encuentros para conseguir una victoria. Las matemáticas dicen, por mucho que el playoff siga estando aún a  4 puntos de distancia, que si continúan con la proyección actual acabará el campeonato con 48 puntos. Y eso es sinónimo de problemas para conservar la categoría. Y muchos.

Derrotado una y otra vez desde 2009 en la ‘batalla de los seis puntos’, que se da una vez por temporada cuando el calendario te obliga a jugar dos veces consecutivas como local, el Tenerife está obligado a tumbar al UCAM este domingo. Es cierto que los blanquiazules no pierden en su templo con facilidad, pero tampoco pueden permitir que los murcianos engrosen la lista del peligroso ‘suma y sigue’ de equipos que logran puntuar esta temporada en el Heliodoro en la que ya figuran Sevilla Atlético, Mallorca, Getafe, Cádiz y Numancia.

La única buena noticia de la semana es que al Tenerife le siguen saliendo las cuentas de su economía doméstica. La entidad presentará, en su próxima Junta General de Accionistas, una rebaja de su endeudamiento, que ahora queda fijado en 15,75 millones de euros. Lo deseable, en cambio, es que la plantilla y el cuerpo técnico hagan también los deberes y destierren, de una vez por todas, los ya crónicos regalos y errores que están costando tantos disgustos. La afición ya se merece que le salden esa deuda.