Redacción Deporpress | La Segunda División es una carrera de fondo decidida por pequeños detalles. Hasta el momento, el CD Tenerife se encuentra por debajo de la media. ¿Por qué? No domina en las áreas, ni en ataque ni en defensa.
El fútbol ha tendido hacia un estilo de minimización de errores. Lejos del romanticismo de hace una década, los clubes dominantes apuestan por un juego vertical, físico y práctico en defensa. Dejar el balón al contrario y ser efectivos en las áreas: defendiendo y atacando. Como suele decirse: el otro fútbol. Ahí, el Tenerife volvió a salir penalizado frente a una SD Ponferradina que jugó mejor dichas armas.
Porque lo de merecer más –quizás lo más justo habría sido un reparto de puntos- pierde respaldo cuando la ecuación da error de forma tan continuada. Y lo cierto es que Fran Fernández se está atascando a domicilio, con un equipo timorato que solo ha coleccionado un crédito y siempre se ha visto con el marcador en contra.
Falsa sensación de superioridad y posesiones que terminan siendo estériles convierten al Tenerife, durante muchos tramos, en previsible. Rara vez cogió con la boca abierta a la escuadra berciana, bien posicionado pese a que no mostraba mucha seguridad cuando Sol o Zarfino encontraban el espacio. El cuadro de Bolo tenía claro su papel, percutiendo con el máximo castigo cuando le tocaba arrimarse al balcón del área tinerfeño. Letales arribas, prácticos en el juego y sin complicaciones en el eje propio. Justo lo que no ofreció el CD Tenerife: sin chispa, frágil y estéril en las áreas… quien para colmo le salió todo del revés: un tiro al palo, un penalti errado y una expulsión.
Lo cierto, es que la película se repite año tras año. Pasan entrenadores, jugadores y directores deportivos, pero rara vez el discurso cambia a estas alturas de temporadas. El desazón o los primeros nombres puestos a subasta se hacen eco en el entorno de forma repetida, con diferentes protagonistas. Y ahora, viene el líder.